Historia del autonomismo de Andalucía Oriental

La historia del autonomismo de Andalucía Oriental comprende los pasos que históricamente se han dado con el objetivo de dotar de autogobierno a la región de Andalucía Oriental, también conocida en varias etapas históricas como región de Granada, fundamentalmente en el siglo XIX, razón por la que en esos periodos el autonomismo de Andalucía Oriental también ha recibido el nombre de “regionalismo granadino”.1

Antecedentes

El concepto de la región de Granada en el siglo XIX

Una década después de la desaparición del Reino de Granada mediante el Decreto de Javier de Burgos de 1833, permanece el concepto de la “región de Granada” como se demuestra en el libro de Miguel Lafuente Alcántara titulado Historia de Granada comprendiendo la de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga, desde remotos tiempos hasta nuestros días, su obra por excelencia publicada en 1843, donde declara:

Las cuatro provincias de Almería, Jaén, Málaga y Granada, sometidas a la jurisdicción de la audiencia y a la autoridad del capitán general de esta misma ciudad, pueden designarse con el nombre genérico de granadinas.2

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La región de Granada y la Alta Andalucía en los proyectos territoriales del siglo XIX

A lo largo del siglo XIX, esta región se reconoció de forma oficial en cuatro ocasiones mediante sendos proyectos de organización territorial de España. Aunque ninguno llegó a ponerse en práctica, es relevante que todos implicaron el reconocimiento oficial de la región por parte de diferentes gobiernos de España, que estaban legitimados por procesos electorales. Además, es llamativo que a diferencia de la mayoría de regiones españolas, el concepto de la región de Granada o Alta Andalucía con sus cuatro provincias permaneció invariable. A continuación los cuatro proyectos territoriales:

El 29 de septiembre de 1847 Patricio de la Escosura promulgó un decreto que dividía la gobernación del reino con once gobiernos generales. El decreto establecía un gobierno de Granada, formado por las provincias de Granada, Málaga, Almería y Jaén. Este gobierno de Granada estaba diferenciado del gobierno de Andalucía, con capital en Sevilla, e integrado por las provincias de Sevilla, Córdoba, Cádiz y Huelva.

Gobiernos Generales propuestos en el Decreto de Escosura de 1847

En 1873, durante la Primera República Española, se presentó el 17 de julio un proyecto de Constitución, que definía a España como una República Federal, integrada por diecisiete estados con poder legislativo, ejecutivo y judicial. El artículo primero de dicho proyecto dice:

Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas.3

Según los artículos 92 y 93 de esta Constitución, los “estados” tendrían una completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación, así como la facultad de darse una Constitución política. Esta constitución nunca llegó a adoptarse debido a la caída de la Primera República. No obstante, Agustín Ruiz Robledo, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada, asegura sobre este proyecto de Constitución que:

su articulo 1.º al enumerar los Estados miembros incluye Andalucía Alta y Andalucía Baja, sin que en los tres días que se pudo discutir el Proyecto en el Pleno de las Cortes Constituyentes conste ninguna queja al respecto. Silencian esta división la mayoría de los estudiosos del andalucismo (…) Como no fue elaborado por centralistas deseosos de romper la unidad consustancial de Andalucía, argumento al que se recurre con harta frecuencia, es difícil refutarlo como prueba de la existencia en el siglo XIX de, por lo menos, dos Andalucías diferenciadas por factores históricos geográficos, económicos y sociales.4

Estados que componen la Nación Española según la Constitución de 1873

En 1884 el liberal Segismundo Moret presentó a las Cortes el 6 de enero un proyecto de reforma de la Ley Provincial, que distribuía la jurisdicción administrativa y el gobierno político de España en quince regiones, por motivos administrativos y económicos. Este proyecto mantuvo la Región de Granada con el mismo nombre y con las mismas cuatro provincias que el Decreto de Escosura. En cambio, la región que Escosura llamaba Andalucía, Moret la llamó Sevilla.

Regiones propuestas en la reforma impulsada por Segismundo Moret en 1884

En septiembre de 1891 Silvela y Sánchez de Toca redactaron un nuevo proyecto de división territorial de España, que mantenía la misma distribución territorial y la misma nomenclatura que Moret había establecido para las regiones de Granada y de Sevilla. Este proyecto pretendía dotar de mayores atribuciones no sólo a las entidades regionales, como el proyecto constitucional de 1873, sino también a las entidades municipales y provinciales. 5

Regiones propuestas en la reforma impulsada por Francisco Silvela en 1891

Historia del regionalismo granadino, de la Alta Andalucía o de Andalucía Oriental

Generación del 98 y Regeneracionismo

En los últimos años del siglo XIX surgió el regionalismo granadino. Los liberales Paco Seco de Lucena y Juan Echevarría defendieron la idea de la comunidad política de Andalucía Oriental durante la Restauración y el regeneracionismo político. Ellos fueron los que lograron la reunión de la Asamblea Regionalista en el Ayuntamiento de Granada el 16 de mayo de 1897, en torno a la cual se ofrecieron importantes conferencias y debates en círculos cultos, entre las que Seco de Lucena ofreció el 6 de enero de 1898 en la Cámara de Comercio de Granada bajo el título El Regionalismo,6 en que concluía que éste era el modo más acertado de dar solución a las necesidades locales, dado el acercamiento de la gestión política a los problemas.1

En 1898, el escritor y diplomático granadino Ángel Ganivet declaró:

yo, que soy andaluz, declaro que Andalucía políticamente no es nada, y que al formarse las regiones habría que reconocer dos Andalucías: la alta y la baja; el mismo Pi y Margall, en las Nacionalidades, las admite.7

A principios del siglo XX, tras la publicación en 1913 del Decreto sobre mancomunidades, surgieron en Granada voces regionalistas que reivindicaban cierta cohesión administrativa de las provincias orientales andaluzas, con capital en dicha ciudad.

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera se dio un fuerte impulso al regionalismo en España, al anunciar el General el 15 de septiembre de 1923:

Haremos una nueva división administrativa, gubernativa, judicial y aún posiblemente militar de España (…) tendiendo a crear regiones robustas robustas (…) delegando el Estado en ellas importantes servicios que descargarán la Administración central.8

Las fuerzas vivas de Granada reclamaron de inmediato la creación de la Mancomunidad de Andalucía Oriental, a la manera de la Mancomunidad de Cataluña. Los periódicos El Defensor de Granada y El Noticiero Granadino animaron el ambiente regionalista. A la petición se sumaron rápidamente la Cámara de la Propiedad Urbana, la Cámara Agraria, el Centro Artístico, la Universidad, la Diputación, el Ayuntamiento de Granada… la petición era imparable y unánime.8 La Diputación Provincial de Granada llegó a elaborar un proyecto de bases para la creación de una Mancomunidad de Andalucía Oriental9, que fueron publicadas el 19 de febrero de 1924. La primera de ellas, “Fundamentos de la Mancomunidad”, decía:

Esta Mancomunidad integrada por las provincias de Almería, Granada, Jaén y Málaga, se constituye conforme a las disposiciones legales por la libre voluntad de sus Diputaciones y tiene como base única la continuidad y la unicidad territorial, y como fundamentos morales una larga tradición histórica y una semejanza espiritual en su población que permite considerarla como una gran familia regional.9

Estas bases fueron remitidas a las demás diputaciones provinciales, pero el proceso no avanzó porque la promesa de descentralización de Primo de Rivera no llegó a cumplirse durante su mandato.

Segunda República Española

Con la proclamación de la Segunda República y la promulgación de la Constitución de 1931, se abrió una nueva posibilidad legal de conceder cierta autonomía política a las regiones españolas. Acogiéndose a la posibilidad que planteaba la nueva constitución, la Diputación de Sevilla organizó una asamblea, a celebrar en Córdoba en mayo de 1932, con la intención de aprobar las bases de un Estatuto de Autonomía que había redactado unilateralmente, con el objetivo de conseguir una anexión sin precedentes de todas las provincias andaluzas bajo un gobierno regional unitario. El encuentro se canceló por falta de ambiente y se pospuso hasta enero de 1933.

Previamente, en junio de 1931, la Diputación de Jaén, a propuesta de su homóloga sevillana realizó una campaña de propaganda andalucista con el resultado de la indiferencia y hostilidad jienenses a la autonomía andaluza. En abril de 1932, a la Asamblea Provincial para el estatuto andaluz faltaron todos los alcaldes, y los escasos asistentes no se pusieron de acuerdo. La Sociedad Económica de Amigos del País manifestó que con ese estatuto “se pone de relieve el desconocimiento de la realidad étnica, geográfica y económica”, añadiendo que “el estatuto no tiende hacia la descentralización sino a la centralización en Sevilla”, postura compartida con el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio. En enero de 1933 el periódico Democracia recogió opiniones en contra de la región de ocho provincias y de Sevilla como capital. La opción de ser parte integrante de la Mancomunidad de Andalucía Oriental se consideró “lo más conveniente a nuestros intereses” por la homogeneidad y el estrecho contacto con Granada.10, 11

El Ayuntamiento de Granada encargó una ponencia que elaboraron conjuntamente dos concejales de izquierdas (Manuel Fernández Montesinos del PSOE y Luis Fajardo Fernández del Partido Republicano Autónomo Granadino, luego Izquierda Republicana) y uno de derechas (Carlos Morenilla Blanes de Acción Granadina), en la que acordaron “impugnar la formación y aprobación del estatuto, y oponerse a que prospere esa artificiosa y no sentida mancomunidad andaluza”, proclamando a su vez que “es una realidad histórica, geográfica y administrativa, la existencia de la región de Andalucía Oriental”.12 Este sentimiento unánime de Granada se escenificó de nuevo el 28 de enero de 1933 en una reunión del Ayuntamiento, Diputación, Cámara de Comercio, colegios profesionales, agrupación socialista, etc. Así, el Sr. Carreño, portavoz de la agrupación socialista, declaró:

sometido el asunto que se debate a la Agrupación Socialista, ésta se ha pronunciado unánimemente contraria al Estatuto (…) hemos de tender a que haya una región, Andalucía Oriental, con la capitalidad en Granada, pues así es de justicia y nos pertenece en derecho (…) nunca se debe llegar a una sola región como propugna Sevilla13

En la misma reunión, Torres Calleja, representante de la Diputación de Granada, relató:

la representación de Jaén, que se mostró conforme en un todo con que fuera Granada la capitalidad de Andalucía Oriental, por la que propugna, constituyéndola también Málaga y Almería, con Jaén y Granada. También Almería se ha mostrado conforme.13

De un Cabildo municipal previo a la Asamblea de Córdoba, el diario Noticiero Granadino recogía los términos en los que se hacía referencia al proyectado Estatuto Andaluz:

el asunto del Estatuto-camelo con que, a los acordes de “La Giralda” y ondeando la bandera blanca y verde, se querrá saldar el déficit del Certamen sevillano.14

En Almería, la Casa Consistorial de la capital envió una carta fechada el de 24 de enero de 1933 al Ayuntamiento de Granada, en la que defendía una Mancomunidad de Andalucía Oriental formada por Almería, Granada y Jaén, “en cuyo caso sí están garantizados nuestros intereses”, afirmando que “la unión propuesta debe aspirar a ser permanente, evitándose que errores de constitución o de procedimiento la conviertan en efímera o en infecunda (…) no vamos contra radie, vamos a favor de los que pueden y deben vivir en el mismo hogar, en paz inalterable, en amorosa convivencia, sin recelos de reyerta próxima y a la larga de divorcio (…) una elemental previsión aconseja como más prudente, que romper el vínculo, desistir de establecerlo”.15 En estos mismos términos de autonomía para Andalucía Oriental se expresaron el conjunto de fuerzas vivas de Almería en una asamblea celebrada el 27 de enero, con representantes de la Diputación Provincial, Cámara de Comercio, Cámara de la Propiedad Urbana, agrupaciones políticas como Acción Republicana o el Partido Socialista, alcaldes de los principales municipios de la provincia, etc. 16

Entre las personalidades afines al ambiente intelectual sevillano se produjeron diversas manifestaciones sobre la relación entre Sevilla y las provincias de Andalucía Oriental. Así, la cuestión de la capitalidad de una Andalucía unitaria y de su desequilibrio territorial ya había sido anticipada en 1931 por el notario Blas Infante Pérez:

¡Ahí es nada! ¡Suponer que porque Sevilla y su provincia se llegasen a levantar en armas iban a secundar el movimiento las demás comarcas andaluzas, sin previa preparación! ¡Como si Sevilla viniese a ejercer autoridad alguna sobre las demás ciudades andaluzas, si aún siquiera ligera influencia sobre la Andalucía Oriental, Córdoba ni Jaén! ¡Como si la capitalidad de Andalucía (la cabeza, y por consiguiente, el pensamiento director), estuviese discernida a Sevilla por el reconocimiento de alguna de las demás provincias andaluzas! En la Historia de Andalucía, se llega a aprender, además, que jamás se intentó por alguien hacer de Sevilla centro de un movimiento revolucionario de Andalucía, político ni societario, y que si alguna vez se ensayó ese intento, no pudo alcanzar nunca un apreciable desarrollo. Al contrario de lo que sucede con los operados en Andalucía del Centro y Oriental, y con la región de Cádiz, unida con esta última, los cuales llegaron a ofrecer con una importancia beligerante tomada en seria consideración por los Gobiernos españoles. Granada, Córdoba, Málaga, Cádiz, he aquí el territorio de prestigio revolucionario, el único adecuado para servir de centro director a un movimiento, el cual pudiera llegar a obedecer toda Andalucía ¡Pero Sevilla! 17

Sin embargo, Carlos García Oviedo, Catedrático de Derecho administrativo de la Universidad de Sevilla, un mes antes de la Asamblea de Córdoba previó la hegemonía sevillana en la línea de las ideas defendidas por los representantes de Andalucía Oriental:

Las dos Andalucías -oriental y occidental- no están capacitadas para entenderse. Carecen de las necesarias relaciones materiales y de afectividad. Además, dentro de cada grupo invencibles sentimientos de recelo y suspicacias contra la posible hegemonía de alguna provincia -en este caso, la de Sevilla- estorbarán siempre la obra que se intentara. Recientemente Cádiz ha mostrado su oposición al proyecto. Y esto se ha acusado en la provincia, sin duda, más unida a Sevilla por vínculos de hermandad. ¿Qué será en Granada, en Almería, en Jaén, con las cuales tan poco contacto tenemos?18

Llegada la Asamblea de Córdoba, los representantes políticos, económicos y sociales de Almería, Granada y Jaén reivindicaron la Mancomunidad Regional de Andalucía Oriental ante las fuerzas vivas del resto de Andalucía. Ante la hostilidad de los delegados de Córdoba y Sevilla, la propuesta de Blas Infante de “residenciar a las provincias disidentes“, las insinuaciones de los representantes sevillanos de “que las representaciones disconformes tenían expedito el camino de ausentarse de la Asamblea y dejar que la prosiguieran aquellas otras que fueron partidarias del Estatuto” y la manifiesta parcialidad de la presidencia de la Asamblea que no desautorizó tales palabras, los representantes de Andalucía Oriental se retiraron de la Asamblea.19, 20

Tras la Asamblea, la comisión provincial de Granada prosiguió en sus planes regionalistas para Andalucía Oriental. 21 El espíritu regionalista permaneció animado por los diferentes periódicos granadinos:

la delegación de Sevilla nos ha recordado al famoso personaje Juan Palomo (…) al pasodoble flamenco y a la bandera blanca y verde, que constituye la obra de Sevilla, hubiera opuesto el grupo de Andalucía Oriental, las características autonómicas a que aspiramos (…)Esto es lo que conviene a Granada, a pesar de las opiniones contrarias de quienes por no ser granadinos y mirar a nuestra tierra a través de su interés y medio personal, quisieran verla estancada, ausente de todo movimiento de renovación, para más fácilmente explotarla.

Noticiero Granadino (3 de febrero de 1933)22

en Andalucía no hay un sentimiento regional (…) Nuestra disconformidad con el Estatuto sevillano que se pretende imponer a Andalucía, no implica una total renuncia de nuestras posibilidades autonómicas. Granada, por eso, debe permanecer alerta y con el ánimo despierto para defender sus altos intereses regionales en unión de aquellas provincias hermanas a las que puede y debe unir un ideal común dentro de Andalucía oriental.

El Defensor de Granada (4 de febrero de 1933)23

Después de lo que puede considerarse como un fracaso de la proyectada excéntrica hegemonía sevillana sobre toda Andalucía; después de malograrse al nacer el llamado Estatuto Andaluz, Granada tiene que emprender una labor profunda, persistente, en pro de la autonomía de Andalucía oriental (…) Para centralismo, mal estará el de Madrid, pero mucho peor sería el de la bandera blanca y verde y el pasodoble flamenco.

Noticiero Granadino (9 de febrero de 1933)24

Los planteamientos regionalistas permanecieron durante toda la Segunda república. Así, en junio de 1936, los diarios seguían reflejando las aspiraciones de autogobierno:

Ahora han convocado para el día 28 en Sevilla una Asamblea (…) Allí deben ir nuestras autoridades, parlamentarios y representantes de fuerzas vivas a sostener la necesidad de las dos Andalucías autónomas: la Occidental y la Oriental, tan diversas, tan perfectamente delineadas por el factor geográfico, el histórico y aún el psicológico. ¿Qué de común hay entre las provincias orientales – Almería, por ejemplo – y las occidentales como Cádiz o Huelva, sometidas a la órbita sevillana? Nada, como no sea la comunidad de patria. En cambio sí hay afinidades notables entre Almería, Jaén, Málaga y Granada (…) La que pudiéramos llamar Andalucía Alta no guarda más relación con la Andalucía Baja que el tener la misma denominación regional. Por lo demás, en el carácter, en las costumbres, en los menores detalles, hay una acusada diferencia (…) A nosotros no se nos ha ocurrido el absurdo que a Sevilla, de pretender la capitalidad de provincias no afines (…) Ellos a dominar en su parte llana, pero dejándonos a los de la montaña que nos compongamos como queremos.

Noticiero Granadino (21 de junio de 1936) 25

El Ayuntamiento de Granada en pleno municipal de 19 de junio acordó “mantener la necesidad de las dos entidades regionales y los derechos de Granada a la capitalidad de Andalucía Oriental”, siendo alcalde Manuel Fernández Montesinos.26 Éste y otros muchos de los que reivindicaron la Mancomunidad Regional de Andalucía Oriental fueron fusilados pocos días después durante los primeros días de la Guerra Civil.

Transición Española

Durante la Transición Española, con la promulgación de la Constitución de 1978, se reabrió en España el proceso autonómico iniciado en la Segunda República e interrumpido por la Guerra Civil y el Franquismo.

En Andalucía Oriental hubo una intensa oposición a la creación de una única Andalucía. Por parte de UCD, Antonio Jiménez Blanco y José Sánchez Faba lideraron la idea de las dos Andalucías. En este marco, la UCD granadina llegó a crear la una bandera para la Andalucía Oriental, que usó en manifestaciones regionalistas que convocó bajo lemas como “¿Andalucía es Sevilla? NO, NO, NO” y “Por la verdadera autonomía”.

Bandera de Andalucía Oriental diseñada por la UCD de Granada, que consta de cinco franjas (verdes y blancas) que se alternan, empezando por el verde, con un triángulo rojo adiestrado en la parte izquierda según se mira y con un sol dorado en el centro de dicho triángulo, representando el oriente.

Dirigentes tanto de UCD como del PSOE organizaron una reunión en el Castillo de Santa Catalina de Jaén en 1979 en la que acordaron que las dos Andalucías asistirían al referéndum por la autonomía en conjunto, pero con la condición de constituirse a posteriori en dos autonomías diferenciadas. Este acuerdo no se cumplió por dos motivos principales. En primer lugar porque los dos dirigentes del PSOE del momento (Felipe González y Alfonso Guerra), el dirigente regional de UCD (Manuel Clavero, en el cargo de Ministro para las Regiones), así como el presidente de la Junta preautonómica de Andalucía (Rafael Escuredo), eran sevillanos y defensores de la Andalucía unitaria. Todos ellos realizaron multitud de viajes a las ciudades de Andalucía Oriental más reacias al proyecto unitario, con el objetivo de presionar, defenestrar y apartar a los políticos locales. El segundo motivo fue que las primeras elecciones evidenciaron que el conjunto de Andalucía estaba en poder del PSOE, así que si estaba bien controlada podía determinar que ese partido conquistase el Gobierno de España.

Actualidad

En 2008 se constituyó la Plataforma por Andalucía Oriental, una asociación regionalista que pide la constitución de una comunidad autónoma para la región de Andalucía Oriental en el marco de la Constitución española de 1978.

Bandera de Andalucía Oriental propuesta por la Plataforma por Andalucía Oriental. Consta de tres franjas horizontales de igual tamaño, morada, roja y verde, separados los colores por franjas blancas de 1/4 respeto a las principales. Esta franja blanca representa al antiguo Reino de Granada y a la nieve de nuestras sierras. La franja superior es morada por la provincia de Jaén, la central es roja por las ciudades de Almería y Granada, y la inferior es verde por las provincias de Almería y Granada.

Notas y referencias

  1. César Girón (2001). «El regionalismo granadino». Ideal.
  2. Lafuente Alcántara, Miguel (1843). Historia de Granada comprendiendo la de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga, desde remotos tiempos hasta nuestros días. Granada: Imprenta y librería de Sanz.
  3. Artículo 1º de la Constitución Federal de la Primera República Española, de 1873
  4. Agustín Ruiz Robledo (1990). «Una mirada casi herética al andalucismo histórico (p. 143)». Estudios regionales 27:  pp. 137-154.
  5. Todos estos aspectos pueden encontrarse en LACOMBA ABELLÁN, Juan Antonio. “Regionalismo, regeneracionismo y organización regional del estado: los planteamientos de J. Sánchez de Toca”. Revista de estudios regionales. ISSN 0213-7585. Nº 51. 1998. Págs. 229-254.
  6. Francisco Seco de Lucena (8 de enero de 1898). «El Regionalismo». El Defensor de Granada.
  7. Ángel Ganivet (1898). «El porvenir de España (Cuatro cartas abiertas a Miguel de Unamuno)». El Defensor de Granada.
  8. César Girón (28 de febrero de 1999). «Granada y el regionalismo». Suplemento dominical de Ideal.
  9. El Defensor de Granada (19 de febrero de 1924). «La Mancomunidad de Andalucía Oriental. El proyecto de bases aprobadas».
  10. José Szmolka Clares (1983). «Aproximación al Andalucismo Giennense. El proyecto de Estatuto Regional de Andalucía y Jaén (1931-1936)». A.A.V.V. Actas del primer congreso sobre el andalucismo andaluz, Sevilla. Pg. 279-298 (Fundación Blas Infante).
  11. Lacomba Abellán, Juan Antonio (1988). Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada (ed.). Regionalismo y autonomía en la Andalucía contemporánea (1835-1936), pp. 33. ISBN 84-7580-514-0.
  12. «Andalucía Oriental, región autónoma». Noticiero Granadino (30 de abril de 1932).
  13. «La posición de Granada ante el proyectado Estatuto Andaluz». El Defensor de Granada (30 de enero de 1933).
  14. «El Cabildo de anoche». Noticiero Granadino (28 de enero de 1933).
  15. Carta de la Casa Consistorial de Almería a la de Granada (24 de enero de 1933). Páginas 1 2 3 4 5
  16. «Para una asamblea. El Estatuto Andaluz (página 4)». La Crónica Meridional (28 de enero de 1933).
  17. Infante Pérez, Blas (1936) «La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía», pp. 160. Imp. de Álvarez y Zambrano. Sevilla.
  18. «Interviús del momento. El Estatuto regional andaluz (páginas 1 y 2)». ABC de Sevilla (9 de diciembre de 1932)
  19. «Entre grandes escándalos se celebra la Asamblea de Córdoba». Ideal (31 de enero de 1933).
  20. «Los representantes de Almería, Granada, Huelva y Jaén, justifican su retirada (página 2)». Diario de Almería (01 de febrero de 1933).
  21. «La comisión provincial acuerda que se celebre una reunión rápidamente y se determine la conducta a seguir en lo referente al Estatuto Andaluz, manteniendo el criterio de una Andalucía Oriental». Noticiero Granadino (3 de febrero de 1933).
  22. «Ese es el camino a seguir». Noticiero Granadino (3 de febrero de 1933).
  23. «Granada ante la cuestión autonomista». El Defensor de Granada (4 de febrero de 1933).
  24. «Hay que persistir en la labor pro Andalucía Oriental». Noticiero Granadino (9 de febrero de 1933).
  25. «A ver si sabemos defender nuestros derechos». Noticiero Granadino (21 de junio de 1936).
  26. «La sesión municipal de anoche». Noticiero Granadino (20 de junio de 1936).