Un modelo nuevo de comunidad autónoma para reducir el gasto
21/04/2010 | por Javier | Categoría: Opinión(…) Desde la Plataforma por Andalucía Oriental no conocemos el protocolo de trabajo que está llevando a cabo la consejera Martínez Aguayo para conseguir lo que el Señor Griñán le ha pedido, “meter tijera”, lo que sí tenemos claro es que poseemos la fórmula que conseguiría los dos objetivos pretendidos. Para ello no nos inventamos nada, sino que recogemos lo que proponían las Bases para la Elaboración del Estatuto de Autonomía para Andalucía Oriental, publicadas en el año 1924. Este documento plasmaba una organización autonómica para la Región de Andalucía Oriental basada la mancomunidad de diputaciones provinciales. En este sistema, los diputados provinciales serían quienes compusieran el parlamento autonómico, pero además se evitaría la duplicidad actual de cargos públicos en las provincias, donde los diputados provinciales serían quienes gestionarían la administración periférica de las provincias. ¿Cuánto gasto en representación, dietas, sueldos, asesores, etc., nos ahorraríamos? Esa es una buena receta para que la Señora Martínez Aguayo haga llegar al Palacio de San Telmo. Y siguiendo con el tema de la descentralización, resaltamos una propuesta adelantada a su tiempo teniendo en cuenta que las citadas Bases se publicaron en el año 1924, éstas propusieron que el gobierno de la comunidad autónoma tuviera carácter rotatorio, visitando todas las provincias componentes de la comunidad autónoma, sistema parecido al que utiliza la Unión Europea. Las consejerías y demás órganos de poder estarían distribuidos de forma equitativa por la geografía de toda la región, beneficiando de esos puestos de trabajo y riqueza a todos por igual. ¿Hay algo más distinto de la actual Andalucía que lo aquí exponemos y que deseaban llevar a cabo los granadinos, almerienses y jienenses de principios del siglo XX? Esas propuestas supondrían y algún día se podrían convertir en el “acercamiento del poder al ciudadano”. (…)
(…) Cuando, años después, los que interveníamos en política -yo, jamás fui político profesional- creamos legalmente Andalucía -y con capitalidad en Sevilla- dimos a luz una región ortopédica: al meter a Almería de hoz y coz, contra su voluntad, en un chanchullo inconstitucional -las dos veces que se la consultó se negó a entrar en esa Andalucía- se la dejó -a Almería, digo- en tierra de nadie, de frontera, con los inconvenientes y potencialidades que ello supone. Y, yo, fui perdiendo mi sentimiento andaluz. (…)

