Me han informado varios militantes del Psoe paduleño de que, a primeros de marzo, o sea, coincidiendo con los días previos a la campaña electoral, el señor Griñán vendrá a visitar esta villa. El objetivo es claro: apuntalar la candidatura socialista al Ayuntamiento, que parece que no se halla tan boyante como era de esperar. Recurriendo a la eterna hospitalidad de los paduleños, la que me enseñaron mis mayores, me siento en la obligación y en la necesidad de repetirle: ¡Bienvenido, señor Griñán!. Espero que pase usted unas horas felices en este pueblo porque El Padul, (con artículo masculino) ha sido siempre y lo será, le pese a quién le pese, si es que le pesa a alguien, un pueblo acogedor para todos sus visitantes… Pero el hecho de ser amables, corteses y hospitalarios no implica el que los paduleños hayamos de ser tontos ni olvidadizos con los políticos y por ello, señor Griñán, me siento obligado a preguntarle si el motivo de su visita es traernos soluciones al paro casi generalizado que castiga a esta villa o volverse a llevar las soluciones a esos problemas, soluciones que nos han venido escatimando desde Sevilla durante los últimos treinta años. Y no me acuse de pesimista ni de derrotista, ni de entonar una jeremíada, porque hechos son amores y no buenas razones y sus amores, por sus acciones, hacia El Padul y hacia el Valle de Lecrín, que yo recuerde, señor Griñán, son los siguientes. Intentaré ser breve al máximo. (…)