Argumentos para una Autonomía
Publicado en: Externos, Opinión
La Constitución política por la que nos regimos reconoce el derecho al autogobierno de las regiones que integran la Nación española (2° CE). Su número y su nombre no están predeterminados. Por ello, otro precepto constitucional declara que «El Estado se organiza territorialmente… en las CC. AA. que se constituyan» (137 CE). Por tanto, que Granada sola -como Comunidad uniprovincial-, o con otras provincias andaluzas, o con la limítrofe Comunidad murciana, quiera constituir una nueva Comunidad Autónoma no es pedir la luna. Como si quiere ser entidad local y entenderse directamente con el Estado.
En días pasados he leído y oído voces antagónicas al proyecto. Basan su oposición en tres argumentos principales: que la idea de constituir un propio autogobierno para la parte oriental de Andalucía es una idea conservadora de un determinado partido político (sic) (sin preguntarse si es buena o mala); que tal pretensión es nacionalismo (!), y que la nueva Comunidad supondría desunir o debilitar esfuerzos (¿más que ahora?). Hay quien también considera que aumentaría el temido gasto de burocracia y que, al final, sería duplicar órganos y servicios. Nada de lo referido se puede mantener con solvencia.
No se pueden confundir los hechos en los que se basan esos argumentos con los que pueden defender la creación de una nueva Comunidad autónoma. Es preciso saber, como fundamental premisa, que la nueva entidad político-administrativa que naciera lo haría por imperativos que no son ni la ideología (ni izquierdas ni derechas) ni nada que tenga relación con ésa patología política -así la he definido muchas veces- del nacionalismo, ni la nueva organización supondría inexorablemente aumento de gasto ni mayor presión fiscal. Por ahí no van las cosas. Son otros los argumentos y fines que se podrían poner en práctica al defender la Comunidad Autónoma de Andalucía Oriental.
Hagamos una esquemática y sintética exposición de cuáles pueden ser las razones o argumentos para fundamentar el proyecto de una diferenciada organización para la demarcación oriental. Lo primero que hay que afirmar es que la idea se acoge al principio organizativo clave de todo el Título VIII de la CE cual es el principio de descentralización. Ésa es la clave y el alma de toda la organización territorial del Estado español. Luego si ésa descentralización -y desconcentración- no se ha conseguido en el interior de Andalucía en los treinta años de rodaje estatutario, es muy legítimo que los habitantes de la parte oriental -olvidada- aspiren a gobernarse, a administrarse por sí mismos, y a recaudar sus impuestos para invertirlos aquí, sin pedir ni esperar a que se les dé por otros. Ejerciendo Andalucía Oriental (ya se verá quiénes la componen o quieren componerla) su derecho a constituirse en autogobierno, actúa de acuerdo con la letra y el espíritu del Título VIII de la CE que lleva por rúbrica ‘De la Organización territorial del Estado’. Si la provincia de Madrid, sin precedentes históricos, es hoy una Comunidad, ¿por qué no puede serlo una, dos, tres provincias de la Alta Andalucía? La Historia, además, avala la pretensión. La descentralización, recuérdese, fue la permanente consigna de la izquierda en la Transición («¡Libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía»!). ¿Es ahora de derechas? ¡Ésa técnica organizativa tiene existencia objetiva, señores!
Todavía hay más alegatos favorables al proyecto y muy heterogéneos. Así, se puede alegar un mejor equilibrio, tanto territorial como económico. En efecto, con un autogobierno oriental se articularía más adecuada y proporcionadamente la extensión física del territorio andaluz y de su población. Téngase en cuenta que la extensión de la actual Andalucía supone la de muchos Estados, y su presupuesto, también. Sin embargo, el inventario que se puede hacer de la Alta Andalucía es desolador (pero real): escasas inversiones, nulos proyectos estratégicos (o cuando los hay, líricos, como el del ‘Milenio’), infraestructuras paupérrimas siempre retrasadas (y cómicas: Aeropuerto Granada-¡Jaén!). Se podría hablar de «Sevilla y el desierto oriental». Ninguna conexión ferroviaria con el arco mediterráneo, que podría servir de «tirón» para la economía oriental. ¿Cuántos años duró unir transversalmente Andalucía con la A 92? ¿Y la Costa?
Otra prueba de la conveniencia de constituir la Comunidad Oriental es dejar de ser víctimas del insoportable -y real- centralismo sevillano, acentuado con el desarrollo estatutario a lo largo de tres décadas. No puede negarse. La última ‘hazaña’ es la supresión del Colegio Notarial de Granada. No basta con decir que se crean dos subsedes. Si se ha decidido crear un único Colegio, ¿por qué no se fija su sede en Granada? Otra muestra del centralismo de la Administración andaluza, irrefutable: en el pasado diciembre se realizó el primer ejercicio de secretarios-interventores consistente en contestar un cuestionario de preguntas. Tan mecánica prueba escrita fue obligatorio hacerla en Sevilla. Los sufridos opositores tuvieron que desplazarse a orillas del Guadalquivir sin alternativa, aunque se pidió. ¿Para qué sirven las pomposas delegaciones del Gobierno andaluz? ¿Uds. se imaginan lo que es acudir a la prueba en Sevilla, a las nueve de la mañana de un domingo desde, por ejemplo, Santiago de la Espada, para rellenar un cuestionario? ¿Es o no centralismo? Ni siquiera el Gobierno andaluz ha aprobado -que sepamos- un plan de desarrollo económico y social para la zona andaluza más deprimida, la Oriental, al estilo de lo que en los años 50 el Gobierno italiano aprobó con el nombre de ‘Plan per il Mezzogiorno’.
Así pues, no se enfoca bien la cuestión cuando se intenta descalificar la idea relacionándola con no sé qué nacionalismo ni qué ideología subyacente. Todo lo contrario: descentralización acorde con la CE, supresión de irritantes dependencias, autogobierno, mejor reparto de territorio, población y riqueza, y la ilusión por sentirnos dueños de nosotros mismos e invertir aquí lo que recaudamos. Ésos pueden ser algunos argumentos, que no todos. Como acuñó Pío Baroja: «Hazme caso. Si quieres hacer algo en la vida, no creas en la palabra imposible».
José Torné-Dombidau y Jiménez
Ideal, 21-2-2009
Regresar a: Argumentos para una Autonomía
Webs Sociales