La Fiesta del Pendón: por favor, ¡no más mentiras!

18/12/2009 | por Javier | Categoría: Historia

Tras un feroz asedio que le costó más de veinticuatro mil víctimas al rey don Fernando (apodado el católico desde el año 1.494), Cidi Yahya Al- Nayar, con la autorización de El Zagall (Abú- Abd- Allah Mohamed Ben Sad), le rindió la ciudad de Baza al rey cristiano. La esposa de Cidi Yahya, Cetti Meriem Benegas (la señora María Benegas) era hija del noble cristiano don Pedro Benegas, señor de Luque, y de la bellísima mora, de estirpe real, también llamada Cetti Meriem. Apenas rendida Baza, este matrimonio se convirtió al cristianismo. Cidi Yahya era hermano de Esquivila, o Bienvenida, Ibne Al- Nayar, que era la esposa del Zagall (como verán, había tal mezcolanza de hábitos y de costumbres entre unos y otros que todos los líderes del Islam granadino eran monógamos). Al convertirse al cristianismo, los Reyes Cristianos, que apadrinaron a los Al Nayar, en Baza, les dieron por apellido De Granada-Benegas y les regalaron los títulos de marqueses de Jayena y de Campotéjar. (Confirmando su estirpe real, esta familia era todavía, a principios del siglo XX, la dueña del Generalife granadino). Y tomaron tal amistad con ellos que el rey don Fernando lo envió a Guadix, a pactar la rendición del Zagall. Y el Zagall, (El Halcón del Islam Granadino) que se vió perdido, capituló a cambio de recibir una cantidad de dinero, el señorío de toda La Alpujarra y permiso para mantener un ejército integrado por DOSCIENTOS CABALLEROS. Tras la firma de las capitulaciones, y enviados emisarios a todos los alcaides moros, notificando la rendición, El Zagall se fue para Almería, a preparar la entrega de la ciudad, mientras las tropas cristianas batían el terreno para asentar la nueva autoridad. Cuando atravesaban la sierra de Los Filabres, una tormenta de nieve bloqueó a las tropas cristianas. Salidos de ella, al llegar a Tabernas, una tormenta de tierra los azotó de nuevo. Pero El Zagall esperaba al rey Cristiano ante la puerta de Purchena, donde, según las sugerencias del conde de Tendilla, el rey moro (pues El Zagall fue coronado y reinó en Granada) acudió a besarle la mano a don Fernando. Y don Fernando le reprendió a su siervo el consejo, duramente y en público. E invitó a comer con él al moro. Lo hicieron en una vajilla de oro. El conde de Tendilla era el servidor (camarero) de don Fernando, mientras que don Álvaro de Bazán, el marqués de Santa Cruz del Marcenado, servía a Cidi Ben Sad Al Zagall. Los vinos se los servían, respectivamente, el Conde de Cifuentes y García Lasso (Garcilaso) de La Vega.
Tras la comida, El Zagall invitó al rey don Fernando a una cacería de Jabalíes (hay un historiador que dice que la cacería fue de lobos), en la Sierra de Gádor, del feudo del Zagall, y que el cristiano abatió a uno que, huyendo, se arrojó al mar…
El rey cristiano se asentó en la ciudad de Almería y El Zagall marchó a la “cibdad” (ciudad, con todas las letras y con todos los honores, a pesar de sus cien vecinos actuales) de Cobda, la capital de su feudo, donde habría de habitar en los alcázares califales de tal población. Un tiempo después, El rey cristiano reclamó al Zagall al Gozco, en Santa Fé, donde ya se había instalado, y le ordenó que, con sus pendones desplegados, hiciera una razzia ante las murallas de la Granada que todavía defendía Boabdil. Al ver los moros granadinos que su ídolo por excelencia les quemaba las cosechas y les robaba los ganados, entraron en desesperación y lo insultaron con todos los vituperios posibles. Humillado por su deshonrosa acción, El Zagall se retiró a Cobda y le pidió a su cuñado Cidi Yahya que entablara negociaciones con el cristiano, para venderle su feudo. Por El Señorío de La Alpujarra,(nombre ideal para uno de sus muchos y excelentes vinos) el rey don Fernando le pagó DIEZ MIL CASTELLANOS DE ORO, que El Zagall compartió con su cuñada Zoraya, otra vez cristiana y madre de la estirpe de Los Granada, (a secas) hijos que tuvo con Abul Hasán o Muley Hacén. Embarcó en el puerto de Almería, camino de Berbería, y se estableció en Tremecén, donde llevó hasta su muerte una vida muy frugal y honesta. El Zagall falleció “entre las dos oraciones de la tarde del miércoles de la luna nueva de Xabán, del año 899 del Profeta (1.494), de edad aproximadamente de 40 años” (datos tomados de varios historiadores musulmanes).
Quiénes, en su desconocimiento de LA HISTORIA (con mayúsculas), relacionan la Fiesta del Pendón con una carnicería de musulmanes, han oído rumores, pero ignoran de donde vienen. La única carnicería de la que hay constancia histórica, en Almería, (que yo conozca, al menos) la causó el propio Zagall, siendo rey de Granada (Mohamed XII), cuando perseguía a su sobrino Boabdil (Abú Abd Allah Mohamed Ben Alí). Y como no pudo cazarlo a éste, se ensañó con Abul Rachib, hermano de Boabdil, al que degolló personalmente, delante de su madre, Aixa La Horra, y de su cuñada, Moraima, en la plaza de armas La Alcazaba almeriense. Moraima, que tenía en brazos a su hijo Ahmed, recién nacido, hijo de Boabdil, cayó desmayada al suelo, al ver la vesanía de su tío y al ver rodar por el suelo la cabeza de su cuñado, de solamente dieciocho años de edad (tambien hay dos historiadores que dicen que El Zagall ordenó degollar a los caballeros abencerrajes del séquito de Boabdil; uno habla de treinta caballeros granadinos degollados y el otro, de ochenta. ¡pero, por varias razones, yo no me creo a ninguno de los dos!).
Para completar conocimientos sobre el tema, les recomiendo mis novelas: “Al Zagall, El Príncipe Valiente”, “El Último suspiro del rey Boabdil” y “La sombra de Aben Humeya”, que componen mi Trilogía Granadina, aunque las tres se desarrollan en buena parte o en su mayor parte en Almería. Pero les será difícil conseguirlas porque la censura, por ser yo uno de los promotores de la Plataforma por Andalucía Oriental, me dificulta enormemente la venta, hasta el extremo de haberme dejado sin editor y sin distribuidor. Sepan también que llevo años, varios años, ofreciéndome a varias instituciones almerienses, para darles a los ciudadanos charlas y conferencias, incluidos los correspondientes turnos de preguntas, sobre el tema, y nadie me ha escuchado. Es, como digo y repito, la censura. También me propusieron para dar diez conferencias, sobre el tema, por los paises del Magreb y nadie lo ha aceptado: Es la censura real, pura y dura, en un país supuestamente democrático.
SOY EL ÚNICO RESPONSABLE DE TODO CUANTO SE DICE EN ESTE ARTÍCULO.

Leonardo V. Villena

La Gaceta de Almería, 22-12-2009

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