Granada no es Andalucía

8/12/2009 | por Javier | Categoría: Externos

El salón de actos de la Casa de los Pisa está a rebosar. Vicente González Barberá, quien fuera Delegado de Patrimonio con la UCD, imparte la conferencia `Granada no es Andalucía´. Con humor, amenidad y heterodoxia, hace un repaso histórico. El término Al-Ándalus fue la palabra árabe para definir la Península. Sólo más tarde pasó a significar la España musulmana. Dentro de ésta, por `Las Andalucías´se conocía el bajo Guadalquivir. La Andalucía real es, pues, la Andalucía baja. Granada, Jaén y Almería no son Andalucía. De hecho, en los mapas, hasta el siglo XIX, las tres provincias figuran como Reino de Granada, mientras son las otras cinco las que aparecen como Andalucía. La anexión inicial de Granada a Andalucía la hizo el motrileño Javier de Burgos en 1833. Afirma Barberá que una región de ocho provincias era algo excesivo, pero como todas siguieron dependiendo de Madrid, no hubo mayor problema. Sin embargo, éste surge con Blas Infante. Según Barberá, Infante inventó una bandera y un escudo que no seguían la historia, aparte de dar un espaldarazo a la caprichosa división de De Burgos. El Estatuto de Autonomía andaluz consagró tan arbitraria división, la cual han rubricado quienes se empeñan en sevillanizar Granada.
Barberá recuerda que cuando Fernando III reconquistó las Andalucías, el Reino de Granada duró aún 250 años y tuvo la dinastía más larga de España. E, invocando la posibilidad de reforma de la Constitución, se decanta por segregar Granada, Almería y Jaén para conformar una nueva comunidad.
El público aplaude con ardor. No cabe duda de que multiplicará por mil el efecto de la conferencia. No puedo evitar pensar que ha sido un error reducir Granada a una provincia andaluza más, despojándola de instituciones y señas de identidad.
Hay pueblos que se amilanan y agachan la cabeza y otros que no están dispuestos a ser rebajados. El expolio institucional que la Junta ha hecho con Granada no tiene parangón, por lo que es normal que una sociedad culta y democrática no lo permita.
Claro que si alguna vez hubiera de existir una autonomía granadina, debería ser muy distinta d elas demás. Sólo una autonomía que se proponga menos gasto público, menos cargos, más devolución de competencias al Estado y menos burocracia tiene posibilidades de imponerse y ser amada.
Quiero imaginar esa autonomía como la que le devuelve la racionalidad a una España enloquecida. Mientras las demás exigen, ésta colaboraría; mientras las otras codician, ésta compartiría; mientras las demás son centrípetas, ésta sería centrífuga.
Puede que las leyes venzan, pero las conciencias no pueden ser vencidas. Por eso, la sala de conferencias se quedó pequeña. Las palabras del señor Barberá daban forma a lo que es un sentimiento cada vez más generalizado: la actual autonomía andaluza se siente en Granada como un decimonónico corsé.

Gregorio Morales
Ideal-Granada, 8-12-2009

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