Sí, es posible

2/12/2008 | por Javier | Categoría: Agravios, Historia, Opinión

CON gran atención leí el pasado jueves el artículo publicado por el profesor Torné-Dombidau en el que se preguntaba si era ‘viable’ -en el sentido de posible- la constitución hoy día de una comunidad autónoma de «la Alta Andalucía». El artículo estaba asido a una serie de datos históricos muy interesantes que lo ponían en valor y que le conferían aún más mérito a las palabras escritas. No obstante, faltaban otros muchos datos cruciales de nuestra historia, más recientes y contundentes, básicos para la impetrar la aparición de la comunidad autónoma de ‘Alta Andalucía’, o ‘región autónoma de Andalucía Oriental’ o ‘del antiguo reino de Granada’ -que de todas estas formas y más se le ha denominado en los últimos 150 años-. Un territorio y una entidad que he explicado muchas veces, no es un fósil antediluviano, sino una realidad material tangible hasta hace bien poco, que la casta dirigente granadina ha permitido que nos sea hurtado.

Datos y elementos para el debate podría proporcionar muchísimos. En buena medida los he escrito y los he publicado en distintas ocasiones, pero baste por ahora añadir a los expresados por el señor Torné, entre otros, el artículo 1 de la Constitución Republicana de 1873, el proyecto de bases del Estatuto de Autonomía de la Mancomunidad de Andalucía Oriental de 19 de febrero de 1924, el Anteproyecto de estatuto de Andalucía Oriental iniciado en 1936 o la desconocida para muchos, ‘Reunión de 1979′, celebrada por dirigentes políticos de Andalucía Oriental en el castillo de Santa Catalina de Jaén, en la que se acordó en atención al contexto político de aquel momento, que «las dos ‘Andalucías’ marchasen juntas de cara al referéndum sobre la iniciativa autonómica, pero con el compromiso de constituirse ambas, posteriormente, por separado».

Debido al efecto arrollador que del panorama político supuso el referéndum de 28 de febrero de 1980, pronto se olvidaron nuestros dirigentes de la historia y de la lógica que había presidió la reunión de Jaén. Hubo quien vislumbró el nacimiento, como después se ha demostrado, de una única Andalucía, capaz de convertirse en el auténtico árbitro del poder en Madrid y a partir de ahí, todo ha sido sumisión, pérdida y desdoro de Granada en clave política, administrativa, social, económica e histórica, como bien sabemos y fácilmente se puede demostrar. Por tanto, debo corregir ahora, con todo respeto, al profesor Torné-Dombidau que equivocadamente en mi opinión, atribuye la responsabilidad, la causa de la postergación que sufre Granada actualmente por razón de la autonomía andaluza, en la voracidad insaciable de la grey sevillana, algo que, sinceramente, ni es verdad, ni es justo decir. Aceptarlo sería desviar el problema a un enfrentamiento social entre el oriente y el occidente y desviar la posible solución del conocimiento de la auténtica razón, que no es otra que la muy deficiente casta política granadina; una progenie jalonada de sujetos que han hecho de la exaltación de la autonomía andaluza y de sus forzados símbolos y quiméricos axiomas, un medio para vivir y confabular a favor de sus propios intereses.

Como ya he expresado en otros artículos, el mal llamado ‘nacionalismo’ granadino es «una impetuosa fuerza larvada que subyace en el substrato inconsciente de Granada y del granadino, que al final aflora siempre por mucho que trate de amedrentársele, porque no se puede ir contra el peso de la historia y del territorio». Ejemplos no faltan. Tal vez el más reciente lo cita el profesor Torné-Dombidau en relación con la negativa local a la fusión de las cajas de ahorro pretendida por el poder instituido en la baja Andalucía. Una reacción plausible ciertamente frente a otra manifestación errónea de los principios de descentralización y de eficacia que rigen el estado de las autonomías, que en Andalucía se han pervertido y alterado constantemente al antojo de distintos grupos de interés.

Como publiqué en IDEAL en un artículo titulado: ‘Veinte años de Estatuto: descentralización, eficacia y territorios históricos’, la actual autonomía andaluza nacida entre 1980 y 1981 ha podido servir para mucho, pero también para desequilibrar aún más el oriente y para hacer que Granada haya perdido influencia e importancia en el contexto no sólo español, sino lo que es peor, en el panorama andaluz. Por eso esgrimía en aquel artículo, que me costó durísimas represalias personales y profesionales, el tan polémico concepto de ‘territorios históricos’, reclamando para Granada y su histórica área de influencia, el lugar que por derecho le corresponde y del que habían sido -y han seguido siendo- privados. Por eso concluía entonces como lo hago ahora nuevamente, que poco o nada han sido respetados los principios de descentralización y de eficacia por los dirigentes andaluces en relación con Granada.

La conclusión ahora, tras veintisiete años de autonomía andaluza, no es distinta: el histórico territorio de Granada ha perdido protagonismo, influencia y relevancia en el panorama español. Nuestra ciudad que fue una de las principales del país, sin ninguna duda ha pasado a ser una urbe de tercera, capital de una provincia última en muchas cosas, sometida al rumbo y designio que para ella dejan otros territorios más pujantes inspirados por la propia autonomía, con el silencio cómplice de nuestros jerarcas locales. Granada se ha tornado en una especie de fósil, en una cita histórica, en un espacio atractivo sólo por su patrimonio, que ahoga su discurso en debates como al que ha sido conducido interesadamente, de nuevo, la idea del Milenio. La recuperación de la centralidad perdida, que no debe ser entendida como un intento de centralismo granadino, sino como restablecimiento de la importancia que siempre tuvo Granada en el contexto del Estado y como referente obligado del sureste español y europeo, es la única finalidad que debería perseguir la celebración del evento en 2013, como proyecto que elaboré durante meses de trabajo y que fue presentado resumidamente al presidente Chaves.

No puedo seguir argumentando en espacio tan limitado sobre un tema tan profundo del que tendré que volver a hablar, pero quiero contestar directamente ahora a la pregunta que se hacía el profesor Torné-Dombidau y lo hago en sentido afirmativo. «Sí es posible actualmente constituir una comunidad autónoma de la Alta Andalucía; y lo es con la legislación en la mano, pero lamentablemente la iniciativa pasa, como bien sabe él como administrativista, por la sumisa e interesada clase política granadina, que en modo alguno se atreverá nunca a desafiar a sus respectivos poderes orgánicos situados en la villa y corte del nuevo reino andaluz». Iniciativas constitutivas o segregacionistas movidas por movimientos ciudadanos -UPL principalmente- se llevan tratando de hacer valer desde hace años en León, que han llegado a obtener funanbúlicos pronunciamientos del Tribunal Constitucional o paralizar el proceso de redacción del nuevo Estatuto de Autonomía de Castilla-León, entonces ¿por qué no va a ser posible en Granada?

Contesto así o me adhiero a la reflexión realizada por el profesor Torné-Dombidau sobre la posibilidad de constituir una comunidad autónoma de Alta Andalucía. Advirtiendo que lo hago públicamente desde mi compromiso militante e incuestionable con el PSOE, en el que como yo, muchos se preguntan adónde vamos. Y concluyo con una pregunta para los protogiraldinos que se rasgarán las vestiduras ante este artículo: ¿cómo se interpreta que el presidente Rodríguez Zapatero, leones ejerciente, diga que Castilla y León son dos comunidades históricas diferentes pero prefiera guardar silencio ante la iniciativa segregacionista leonesa?

César Girón

Ideal Granada 2-12-2008

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