Cien años de Granada y el futuro por delante
31/12/2000 | por Jose | Categoría: Actualidad, Agravios, HistoriaEl siguiente artículo es una editorial que publicó IDEAL en su edición del 31 de Diciembre del 2000 (la última del pasado siglo XX). Tambien puedes ver el documento escaneado (hoja1, hoja2):
GRANADA abandona hoy un siglo muy conflictivo para su historia. El siglo XX se va dejando tras sí cien años de muchos deméritos y padecimientos para Granada y pocas, muy pocas satisfacciones. No se trata de tremendismo ni de pesimismo, sino de la constatación de cien años de historia local de resultados poco favorables para nuestra tierra, en los que Granada y su provincia han ido declinando por la escala del bienestar-en términos comparativos -y de las expectativas de futuro, hasta situarse en una posición absolutamente desfavorable de cara a la concepción y ejecución del que debía ser el proyecto de una ciudad europea occidental y moderna para el siglo XXI. El injusto resultado del XX es el fruto de cien años de malos dirigentes.
Granada hoy, igual que ayer, es una provincia desarticulada económica y socialmente, con graves desequilibrios comarcales, con deficiencias en cuanto a infraestructuras y comunicaciones, con un escaso tejido industrial. Granada es una hija pobre de España. Pobre, entre otras razones, por padecer una clase política que históricamente ha contemplado más su ombligo que la geografía granadina y sus habitantes, que ha carecido de la autonomía y de la iniciativa necesarias para gestar e impulsar proyectos locales y provinciales de desarrollo económico y bienestar social, que ha mostrado actitudes ambiguas, confusas, erráticas, desorientadoras a la hora de exigir inversiones para Granada, sin olvidar la incuria ancestral de la que ha hecho gala buena parte del empresariado granadino, que ha ido alejando los réditos de sus actividades del desarrollo de su propia tierra.
QUE el nivel de vida del que disfrutamos los granadinos en este momento es más elevado que al principio de la centuria, es claro, pero no podía ser menos tras cien años en los que todo el país y por supuesto todo el mundo occidental ha experimentado un considerable avance, a pesar del aumento de las diferencias entre ricos y pobres, entre Norte y Sur. Pero Granada y su provincia – parece paradójico- siguen padeciendo muchos de los problemas estructurales, más profundos aún si cabe, que tenían cuando el siglo comenzó. Incluso algunos se han acentuado; por ejemplo, y no es la comparación todo lo correcta que debería ser, pero los indicadores barajados por las primeras estadísticas al uso vienen a establecer que el nivel de renta per cápita en Granada en 1917 hacía que nuestra provincia ocupase la decimosexta posición entre todas las españolas, mientras hoy día, en cambio, a finales del año 2000, los informes más fiables, como el ESECA, la sitúan en el penúltimo lugar entre todas las provincias españolas por el nivel de renta. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué este resultado que parece increíble?
Balance apresurado de nuestro siglo XX
El siglo XX comenzó para Granada con el convencimiento de las posibilidades de la agricultura, principalmente centrada en la explotación remolachera y de la caña de azúcar; persuadida de que la producción del oro dulce y sus derivados podrían seguir generando riqueza para la sociedad granadina, a pesar de que para entonces ya empezaba a vislumbrarse la crisis del sector. Además, Granada abandonó el XIX y entró en el XX con un intento de definición de ciudad como urbe moderna que buscaba relacionarse con las poblaciones cercanas de su ámbito de influencia, lo que hoy llamamos el área metropolitana, y en ello el diseño de la red de tranvías eléctricos cumplió un papel fundamental para Granada, en una primera etapa entre 1903 y 1939 con su expansión y desarrollo y posteriormente hasta 1974, año en que desapareció totalmente, dejando paso a una Granada de vocación indefinida.
ENTRE las tensiones propias de una época tan complicada para España históricamente hablando como fue el primer cuarto de siglo y en la que en Granada se produjeron episodios sociopolíticos tan preocupantes como los sucedidos en febrero de 1919, el pronunciamiento de Primo de Rivera en septiembre de 1923 vino a sosegar el mal ambiente reinante en todo el país y por supuesto también en nuestra provincia. El intento del Directorio Militar de solucionar el separatismo catalán y vasco determinó que Granada como identidad territorial viviese uno de los momentos que muchos han considerado como uno de los más importantes de su historia reciente, con la afirmación de su voluntad territorial regionalista, respetuosa con su origen, su larga tradición y su destino, tendente vocacionalmente a superar los males endémicos que padecía sobre la base de la descentralización y la eficacia político-administrativa. Nació así el proyecto de bases de la Mancomunidad regional de Andalucía Oriental de febrero de 1924, que a buen seguro habría sido la piedra de toque para el resto del siglo XX granadino, muy especialmente en relación con el final del mismo que en términos políticos estamos viviendo.
A la guerra civil siguió el hambre, la miseria, el exilio y los deseos de los granadinos de olvidar y restañar las heridas individuales y colectivas. Veinte años tardaría Granada, según los historiadores, en recobrar los niveles de vida del año 1936. Para entonces, 1959 quedaba ya muy lejos del fin de la guerra, y la nueva Granada comenzaba a despejar las brumas sobre el horizonte de los granadinos, aunque la provincia hubo de sufrir el dolor de la emigración, de ver partir, hasta casi despoblarse, a miles y miles de granadinos con dirección a Madrid, Cataluña, País Vasco y Europa en busca de un futuro que no encontraban en Granada, de un trabajo que simplemente les permitiese subsistir y sacar a sus familias de los padecimientos de las décadas precedentes . El desarrollismo de los sesenta, la caída de la Dictadura tras la muerte del germen alimentador, la transición política, la monarquía democrática y los nuevos tiempos forjaron definitivamente la Granada que hoy tenemos para fin de siglo, en la que, sin perjuicio de reconocer los avances lógicos producidos por el paso de cien años, Granada sigue padeciendo problemas sociales, económicos y políticos realmente alarmantes, que no son propios de otras provincias y territorios demasiado cercanos de Andalucía.
Consenso de las fuerzas políticas y más participación ciudadana
Pero tras el balance apresurado de un siglo, lo mejor es hablar del futuro y hacerlo en positivo. Un futuro que para ser ilusionante exige la implicación y confabulación interesada de todas las fuerzas políticas, de todos los agentes sociales, de todos y cada uno de los granadinos y habitantes de Granada, so pena de correr el riesgo de que nuestra provincia siga alojada en el vagón de cola de una comunidad autónoma que nos es cada vez más distante, de un país que un día tras otro se empeña en acentuar las diferencias entre todos los pueblos que lo componen y de una Europa unida que poco a poco irá desdeñando la bonanza social del localismo . De modo que en una Europa de las regiones el futuro próximo de Granada pasa necesariamente por recordar y potenciar sus propios signos definitorios y no admitir aquellos otros que le son impropios, casi indignos, no permitiendo la uniformidad cultural a la que se nos quiere someter, puesto que tenemos la suficiente capacidad colectiva como para definirnos aún más como pueblo.
EL apoyo ciudadano, que es lo que en definitiva otorga legitimidad y fuerza en una democracia, se concede atendiendo no sólo a los valores y metas sociales que se promueven con claridad, sino también a la eficacia y coherencia de su defensa. Los granadinos, pues, debemos trascender más allá de las fronteras de las meras referencias retóricas a los valores archiconocidos del granadinismo y nuestros dirigentes deben adentrarse por los caminos del compromiso social, articulando políticas comprensibles, factibles y evaluables, ancladas en los valores de libertad e igualdad que la sociedad granadina actual propugna. Ideas iniciáticas no faltan. El Campus de la Salud, bien dibujado y desarrollado como proyecto, podría ser una aportación decisiva de Granada como ciudad crucial en el desarrollo de la ciencia de la Biomedicina, una de las apuestas del hombre del tercer milenio. También la adecuada ordenación del territorio de Granada que desemboque en una definición correcta de la aglomeración urbana, tarea muy difícil por los precedentes urbanísticos y los condicionantes políticos, pero ciertamente necesaria para hacer de Granada la ciudad habitable que todos deseamos.
COMO provincia, Granada debe encontrar la senda del desarrollo sostenible como lo han hecho o lo están haciendo, como hemos señalado, provincias y regiones muy cercanas. Granada debe mirar al sur y al norte, pero más que nada al Mediterráneo. Debe poner sus esperanzas en buena medida en la futura construcción del Euromed, la relación con las regiones y territorios histórica y culturalmente afines, dejando sentir su influencia por el arco mediterráneo, sabiendo integrar con dignidad la inmigración masiva que está llegado y que se avecina, aprovechando lo mejor de cada uno de los bienllegados, manteniendo el status de ciudad abierta y hospitalaria, que siempre ostentó.
EN síntesis, muchas son las propuestas que para el futuro de Granada pueden hacerse y que están sobre la mesa y otras más que pueden plantearse, como la elaboración de un plan estratégico para el Campus de Ciencias de la Salud, la Universidad, la Costa Tropical o el Parque Nacional de Sierra Nevada, la evaluación rigurosa y periódica de las políticas públicas, la aprobación de planes de acreditación y de control de calidad de los servicios públicos locales y provinciales, de planes de desarrollo social y económico de nuestras comarcas, del fomento de la participación política de los ciudadanos en la vida pública y sus compromisos (mediante la creación de organismos o departamentos encargados de promover el asociacionismo local y el debate político a través de la intervención directa de los vecinos, principalmente, en las decisiones de carácter presupuestario y de gestión del territorio y el urbanismo; o regulando y utilizando el procedimiento del referéndum para temas de importancia e interés local), y un largo etcétera, entre lo que no es posible soslayar la lucha inquebrantable por la justicia social, por la credibilidad, por la coherencia que conduzcan a una Granada mejor, fruto de la confabulación de las fuerzas políticas y del incremento de la participación ciudadana, para la construcción de una Granada ilusionante para el siglo XXI, que esta medianoche comienza.

