El Reino de Granada en la Historia

26/11/2009 | por Javier | Categoría: Historia

Era la noche del día de San José del año 1.232. El rey de taifas de Murcia, de nombre Ben Hud (El Hijo del Judío), había desbaratado a los últimos reductos almohades que habían sobrevivido a la batalla de Las Navas de Tolosa.
Esa noche, los soldados de presidio en el castillo de Arjona, (Jaén) se pronunciaron a favor del príncipe Mohammed Ben Al-Ahmar El Nars (Mohamend, el hijo del rojo de los ganadores), sobrino del rey urgabonense, que fue elegido rey, en sustirución de su tío. De inmediato, El Hijo del Rojo de Los Ganadores, (pelirrojo también, como su padre) equipó un ejército que pactó o sometió a los líderes de las ciudades de Jaén, Úbeda, Baeza, Baza, Guadix y Almería y, por el río Andarax adelante (las marinas del Reino de Granada estaban practicamente desiertas), entró en el valle del Río Guadalfeo. Por el Valle de Lecrín (entonces conocido como Iqlim Al Usar = La Casa de Todos, aunque también recibía los nombres de Garnara, cuya traducción desconozco, y la de Rasis que, según Caro Baroja, significaba Tierra de La Seda o del Sirgo), asomó a La Vega de Granada, cuya feracidad, buen clima, abundancia de sus aguas y la belleza de sus panorámicas le hizo fijar en ella su capital: la capital del Reino de Granada, Ferdinandus Tercius Regnante.
Apenas el urgabonense Hijo del Rojo estableció su capital en Granada, los reyes de taifas de Málaga acudieron a estas tierras a rendirle pleitesía (1.234), quedando configurado así El Reino de Granada. El rey granadino, apodado El Nazarí, El Ganador, en un acto de reverencia a sus creencias y de suprema sumisión a Alá, completó su lema, del que sería su blasón durante 260 años. Yo soy El Ganador, pero “Le Galib Ille Allah”, “Pero solo Alá es El Vencedor”.
Tenía el Reino de Granada alrededor de veinticinco años cuando el rey Fernando III El Santo (1.248) conquistó “la cibdad de Sevilla y otras varias del Andaluzía”. Pero no conquistó el Reino de Granada, que no era parte de Andalucía porque poseía su propio gobierno y su propia personalidad. Y es absurdo, e impropio de un historiador, extrapolar datos y decir que Granada es parte de Andalucía porque fue parte de Al Ándalus (El paraiso de Alá en la tierra). Ese mismo argumento sirve para rebatirlo y desmetirlo porque, por ejemplo, Valladolid, Zaragoza, Barcelona o León también estuvieron en Al-Ándalus y no son parte de Andalucía. Sin embargo, apenas consolidado su dominio sobre Andalucía, que no ha sido jamás otra cosa que casi todo El Valle de Guadalquivir, pero no el del Genil, atacó y ganó la ciudad de Jaén (1.249).
Julio Caro Baroja, en su estudio antropológico “Los Moriscos del Reino de Granada”, define al Reino de Granada como “La historia real de un ente imposible” porque parece imposible que un reino tan débil pudiera sobrevivir durante 260 años, rodeado y acosado por vecinos tan poderosos. Pero El Hijo del Rojo de Los Ganadores entabló conversaciones y trabó pactos con los cristianos, que caducaron cuando el Rey de Granada, Abul Hasán, o Muley Hacén, le respondió al comendador don Diego de Vera que Granada ya no acuñaba monedas para los cristianos. Y el rey don Fernando (Católico desde el año 1.494) le arrancó grano a grano los granos a esa Granada, capital del Reino de Granada, pero no andaluza.
Se pactó la Rendición de Granada y no solamente no se expulsaron a los moriscos(los musulmanes granadinos fueron moros mientras estuvo en España el rey Boabdil. En el momento en que embarcó, en Adra, en octubre de 1.493, estos moros pasaron a ser moriscos. Pero vivieron respetados aunque su bienestar despertaba la codicia de los inquisidores, que ambicionaban robarles sus riquezas a los mejores artesanos, labradores, alarifes y ganaderos del mundo conocido). Y los moriscos, que eran frugales en todo menos en la cama, pudieron comprarle al César Carlos, durante su visita a Granada, en su viaje de luna de miel, tras su boda con doña Isabel de Portugal, el respeto a su lengua, a sus hábitos, a sus costumbres y a sus propiedades en 80.000 ducados de oro, para el emperador, más otros 20.000 ducados que hubieron de repartir entre los clérigos de su corte. El morisco Francisco Núñez Muley fue el artífice del acuerdo.
Tras la rendición de Boabdil, los moriscos no solamente no fueron expulsados, sino que muchos se castellanizaron, tanto, que fueron absorbidos (repito: muchos) por la sociedad cristiana. El caso más llamativo y ejemplar es el de los Marqueses de Jayena y de Campotéjar, Cidi Yahya Al-Nayar, nieto de reyes granadinos y heroico defensor de la ciudad de Baza,y su esposa, la bella musulmana, hija de padre cristiano, Cetti Meriem Benegas. Sus descendientes fueron, durante siglos, los dueños del Generalife, finca que les fue casi expropiada, o comprada a la fuerza, a principios del siglo veinte. Hoy, todavía quedan, dispersos por todo el Reino de Granada, apellidos de rancia raigambre musulmana, como son Benegas (Ben-Egas= el hijo de Egas), Muley (señor), Alcázar por Al-Kassar, Malea, y muchos más, aunque la Santa Inquisición se encargó de borrarlos, cambiándolos por otros apellidos castellanos, siendo el de Santiago, quizá, el preferido. La convivencia cristiano-morisca fue casi perfecta mientras no se metieron por enmedio los “individuos mochileros y concejiles” que, según don Juan de Austria y el Tercer Marqués de Mondéjar, Virrey a la sazón del Reino de Granada, “venían del Andaluzía, que hasta los gatos les roban a los moriscos”. Los Muley, Comixa, Zegríes, los Abdilbares, los Maleh, con las nuevas adaptaciones fonéticas castellanas, persisten todavía, porque la Santísima Inquisición solamente expulsó a aquellas criaturas más indefensas, ¡como siempre ocurre!, que no hallaron agarradero al que sujetarse y que carecieron de dinero (pues también los había muy pobres) para comprarle a la Iglesia Católica, como una dura simonía, el vital certificado de “pureza de sangre”. Y los certificados los vendía la Inquisición, porque todos los sacerdotes de aquellos días tenían cargas familiares. Recordemos, por ejemplo, que mientras El Zagall, Boabdil o el propio Cidi Yahya eran monógamos, el Gran Cardenal, don Pedro González de Mendoza, tuvo siete hijos con tres mujeres diferentes, o que el promiscuo rey Católico murió inundado de afrodisíacos. Es solamente una muestra del enorme intercambio cultural que se habia producido entre los moros granadinos y los cristianos, a lo largo de siglos de convivencia, con esporádicas batallas.
Los pastores trashumantes, entre los siglos XVI al XIX, bajaban del Reino de Granada a Andalucía a mediados de Octubre. Se concentraban en La Roda y Los Corrales, vendían los ganados excedentes, pagaban los pastos usufructuados, mitad en dinero y mitad en especie, y contrataban pastizales para pasar el invierno, hasta mediados de marzo, en los cortijos de Andalucía. Por ello, se puede decir, con todo el rigor histórico posible, con absoluta propiedad y con total honestidad, que “Andalucía termina en La Roda”, porque así ha sido siempre, a lo largo de los últimos mil años de nuestra Historia.

Leonardo V. Villena

Etiquetas: