La levedad de ser andaluz

20/10/2009 | por Javier | Categoría: Externos

Cuando oigo hablar a todo el mundo de Andalucía y de los andaluces, no pocas veces me pregunto si realmente estamos hablando de algo tangible o tan etéreo como esas divagaciones que los políticos nos brindan con cierta frecuencia, como el pacto entre culturas y cosas así. Los que me lean con cierta asiduidad recordarán que de vez en cuando menciono algo que los matemáticos, ante un nuevo concepto, exigen que se pruebe, el teorema de existencia del mismo, para evitar estar navegando entre nubes. Cosas como la «alianza de civilizaciones» y otras entelequias no hubieran pasado el corte.
¿Existe Andalucía o es un concepto a eliminar? ¿Podría demostrarse su teorema de existencia? Claro que me pueden decir que lo que pregunto es aplicable a cualquier otra región del mundo. Cierto, pero no sé si en esas otras regiones se lo plantean, cosa que ya de por sí sería enormemente positiva. Nada mejor que pensar. Pero me parece que aquí, en nuestra tierra, no nos le hemos planteado. Catalanes y vascos sí, y están tratando de demostrar su teorema de una forma muy peculiar: eliminando a todo aquel que no comulga con ruedas de molino, con las suyas, claro. También ZP se lo ha planteado para toda España: ¿no dijo, acaso, que «el concepto de nación es discutido y discutible»? Estupendo, ha enunciado el concepto, ahora hay que demostrar su existencia y, si resulta que no existe, ¿qué es, entonces, él?
Pero volvamos a lo nuestro. Cuando nuestros antepasados mencionaban «Andalucía» hace un par de siglos y aun menos, se referían a lo que hoy llamamos «Baja Andalucía», es decir, poco más o menos el antiguo Reino de Sevilla. La otra mitad era el Reino de Granada. La distribución territorial metió a ambos en un mismo saco, pero ¿se creó un nuevo pueblo, una nueva nación? En la Historia Universal ha habido muchas naciones fallidas: Yugoslavia, Somalia, por ejemplo. ¿Es Andalucía un Estado en ciernes o ni siquiera un embrión?
Lo primero que hace falta es componer un puzle de pueblos, gentes y razas formando el dibujo correcto. Todas las piezas son necesarias, y ese es el error de nuestros nacionalistas: sólo podrán formar las patitas de la vaquita. Grecia, con toda su altura, no lo consiguió, pero Roma sí, y un salvaje (en apariencia) como Gengis Kan, también compuso el suyo, y el poso de ambos imperios sigue usándose para las modernas leyes y hasta para las reclamaciones territoriales. España era también un buen ejemplo, hasta que llegó un gatito y saltó sobre la composición y, hala, las piezas al aire…
¿Hay alguien que tenga interés en componer el puzle de «Andalucía»? Dicen que fue Cánovas (un andaluz, por cierto) el que pactó esa curiosa especialización que hace que desde entonces la industria de localizara en Cataluña y el País vasco y que Andalucía (y el resto) sirviera para suministrar mano de obra. Cierto o no, así fue y sigue siendo. Pero nadie ha intentado el remedio. Nadie ha intentado construir aquí algo que tenga visos de embrión de ser vivo. Ha habido violencia cuando las malas épocas en el campo, huelgas de todo tipo, paros en la enseñanza, amarre de pesqueros… masivas, tremendas manifestaciones cuando el Sevilla bajó a segunda por deudas y de béticos contra Lopera… pero ¿las ha hecho alguien alguna vez parar tener una buena red de carreteras o de ferrocarriles? ¿O para cambiar subsidios por trabajo…? ¿O por una buena educación…?
¿Protesta alguien por no ser Andalucía más que una gigantesca fuente de votos, como antes de mano de obra, para que otros hagan de nosotros lo que les viene en gana? Existen los andaluces, pero ¿existe Andalucía…?

José Ignacio Cubero
ABC, 20-10-2009

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