Editorial económica (Granada Hoy)
1/07/2008 | por Javier | Categoría: Agravios, Externos, OpiniónEN el análisis de la coyuntura de la economía granadina hay que distinguir claramente los dos componentes que la conforman.
Por una parte, la economía de nuestra provincia necesariamente se mueve acorde con la coyuntura nacional, que, a su vez, en un mundo globalizado, está ligada a los datos macroeconómicos internacionales. Y, por otro lado, tenemos el componente estrictamente local, que determina y explica nuestra posición relativa en el conjunto de las provincias españolas. Así pues, nuestra situación económica en un momento dado es la resultante de ambos factores: el exterior, que nos viene impuesto, y el local, que nosotros mismos nos labramos.
A escala internacional, la crisis financiera y el alza desorbitada de los precios de los alimentos y del petróleo están suponiendo un importante freno al crecimiento de la economía mundial. El traslado de estas alzas a los costes y a los precios finales ha reavivado la amenaza de la inflación, que pone a los reguladores en el dilema de elevar los tipos de interés para contenerla o apostar por el crecimiento económico. El rebote inflacionista, para el G-8, es uno de los peligros más importantes a los que se enfrenta la economía mundial.
La delicada coyuntura económica internacional, que se barruntaba desde mediados del 2007, ha afectado de lleno a los países de la zona euro. Elevación de precios y crecimientos inferiores al 1,5% serán tónica general, agravada en algunos países como es el caso de España por las dificultades del sector inmobiliario.
Evidentemente, los gobernantes españoles no son culpables de este sombrío panorama internacional. Pero sí son claros responsables de no tomar medidas para paliar, en lo posible, sus efectos. Al contrario, han justificado su pasividad mediante dos líneas de defensa. Primero, con la negativa a admitir la propia existencia de una crisis económica, en un juego de sinónimos y eufemismos que ha rayado en la filigrana. Y ahora, cuando ya es innegable la crisis (o comoquiera se la llame), la segunda línea defensiva está consistiendo en asegurar que el ciclo depresivo será corto. Argumento difícil de rebatir o validar, ya que sólo es observable el presente sin que nadie pueda adivinar el futuro.
Con este telón de fondo se desenvuelve la economía granadina. Lógicamente, no podemos ser optimistas, porque los malos tiempos castigan más a los más pobres y Granada sigue ocupando la cola en la renta nacional. Hay que reflexionar sobre el componente local que determina nuestra precaria situación económica. Hay que diagnosticar las causas estructurales e intentar corregirlas.
Ahora, además, hay crisis. No es el momento de aburrir al lector con datos e indicadores, que puede consultar en el último número (mayo 2008) del Boletín de Coyuntura Económica, editado por la Caja Rural de Granada y realizado por profesores de nuestra Universidad. Aquí se analizan datos provinciales, como matriculaciones de vehículos, comercio exterior, ventas de cemento, empleo y créditos al sector privado, que justifican el pesimismo. La actividad económica en la provincia de Granada a lo largo de 2007 se ha deteriorado respecto a la situación de años precedentes, tanto en indicadores de demanda como de oferta. Pero la crisis general remitirá algún día y nosotros, si no lo remediamos, seguiremos ocupando nuestra abatida situación dentro de la economía española.
Hoy día es prácticamente imposible el despegue económico de una provincia sin una decidida inversión pública, estatal y autonómica, que financie las infraestructuras indispensables para el desarrollo. Granada parte de una situación histórica de desventaja. A pesar de este déficit arrastrado, recibimos, año tras año, una participación en el reparto presupuestario que nunca permitirá cerrar la brecha que nos separa de la media nacional. Porque para eliminar este gap sería necesario recibir bastante más de lo que proporcionalmente nos pueda corresponder. Ésta es la ‘deuda histórica’ que el estado español y la comunidad andaluza tienen con esta provincia. Granada quizá sea la ciudad española que menos se ha beneficiado con la instauración del estado de las autonomías. Es indicativo que los dos polos provinciales más relevantes, Alhambra y Sierra Nevada, sigan negociándose, como siempre, a muchos kilómetros de distancia.
Mas la ‘deuda histórica’ va en aumento. Las inversiones en nuestra provincia siguen llegando muy tarde y se proyectan atendiendo a intereses políticos, ajenos a nuestras necesidades reales. No tengo más remedio que referirme a las autovías o al ferrocarril, aunque se hayan convertido en tópicos recurrentes y cansinos. Porque hay un hecho incuestionable: las autovías llegarán con 15 años de retraso con respecto a otras capitales y zonas costeras andaluzas y el tren de alta velocidad con más de 20 años de demora. El tejido económico necesita de estas infraestructuras. El daño real ya causado en el desarrollo provincial por estos retrasos tardará decenios en recuperarse.
Lo del tren clama al cielo. En línea recta, Granada está mucho más cerca de Madrid que Sevilla o Málaga. Pero la línea ferroviaria se ha proyectado de tal forma que Granada resulta la más alejada de la capital de España. Porque la prioridad no ha sido atender los intereses de Granada, acercándola a Madrid, a Europa y a los grandes núcleos de desarrollo. La prioridad fue diseñar una red andaluza transversal al dictado de Sevilla, con la complicidad de nuestros sumisos representantes políticos. La consecuencia, por ahora, es que el tren que parte de Granada hacia Madrid, después de dos horas de viaje se encuentra más lejos de su destino que en el momento de su salida. Y eso no es todo. Como las tarifas de mercancías y viajeros se establecen en función de la distancia, una futura empresa que se instale en Granada está condenada a soportar mayores costes para siempre.
¡Y qué decir de nuestras carreteras! Hemos batido todos los récords negativos. Desde Italia a Gibraltar somos el tapón. Pronto vendrá la ministra o la consejera de turno a explicarnos que la culpa la tienen gobiernos anteriores. Entretanto la zona de la costa granadina, puerto de Motril incluido, sigue asfixiada por su aislamiento.
Del aeropuerto no hablo porque ya sólo nos queda la mitad, gracias un capricho político. La semana pasada presencié cómo un visitante decía que no quería escala en Jaén sino volar directamente a Barcelona. Hemos creado la confusión, estaremos satisfechos. Si de la provincia pasamos a la capital la situación empeora porque el desarrollo económico de la ciudad topa, además, con dos impedimentos: la falta de espacio y el caos circulatorio.
Vivimos en un municipio ahogado por la falta de espacio. Es imposible encontrar terreno suficiente donde se puedan ubicar un gran parque, una feria de muestras, un estadio olímpico, un área comercial, un polígono industrial, un ferial, o cualquier instalación dinamizadora de la economía local. Efectivamente el terreno es escaso pero es que, también, cualquier proyecto de expansión o crecimiento urbano es sistemáticamente abortado, en instancias superiores, por invasión de la vega, de espacios protegidos o de lo que sea. Lo curioso es que esas mismas instancias autorizan –sin resolver el problema de desplazamientos que originan– el centro comercial, el polígono industrial o el área comercial en municipios limítrofes, agrícolas hace treinta años, en los que no parece necesaria igual protección. No estoy pidiendo cementar la vega, ¡no! Sólo pido el mismo trato y las mismas oportunidades para todos los municipios.
El caos circulatorio es un freno real al desarrollo económico local. Hoy día todas las ciudades peatonalizan el centro y, simultáneamente, realizan infraestructuras que permiten el desplazamiento rápido de los ciudadanos, pues el tiempo es un bien económico. Aquí sólo hacemos lo primero, que es lo barato. Las demás obras no, que necesitan financiación estatal o autonómica. Pero las transacciones económicas de hoy son muy diferentes a las de hace 50 años. Hoy, muchos ciudadanos tienen que salir con su vehículo por motivos laborales, o quieren disfrutar su segunda residencia o simplemente pretenden llegar a una gran superficie para la compra mensual. Encontrarán embrollo y propaganda. Granada necesita, al menos, una nueva conexión a la A-92 en la dirección Viznar/Alfacar (que además pondría en valor la zona norte) y una ronda de circunvalación. Pero nada. Se da la consigna de establecer el oportuno debate político, asegurándose que no tendrá fin, y ahí acabaron las necesidades de financiación.
A Granada, pocos euros. Que el metro/tranvía sea por superficie es paradigmático. En los últimos días seguimos leyendo en la prensa local noticias que tienen como denominador común la falta de fondos con destino a nuestra ciudad: “Granada queda fuera de los fondos Urban”. “Sevilla se lleva el Centro Andaluz de Danza”. “La Junta cree que soterrar el metro en el Zaidín es caro y retrasa las obras”. “El metro invade los paseos del campus universitario”. “No es posible la instalación de un museo granadino en el Banco de España”. Todos estos asuntos se arreglarían con algo más de inversión. Hay que inculcar a los responsables que capital hoy es renta para mañana. El funcionario sevillano que dice sin pudor que soterrar el metro en el Zaidín es más caro, no ha pensado en el ahorro de horas perdidas en atascos durante el próximo medio siglo. Mayor inversión ahora es renta en el futuro para los granadinos.
La única solución para mejorar nuestra economía es invertir y capitalizar Granada y su provincia, creando el marco necesario para que pueda arraigar la iniciativa privada. El impulso ha de partir necesariamente de plataformas de ciudadanos exigentes y comprometidos. Los granadinos somos los únicos responsables. No culpo a nuestros políticos, que son profesionales y se deben a quien los elige. Recordad que nosotros no los elegimos; nosotros solamente los votamos.
Ramón García-Olmedo Domínguez, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales
Granada Hoy – Especial Granada Económica, Julio de 2008

