Granada, ante su antiguo reino
20/06/2009 | por Javier | Categoría: Externos
A Sevilla le ha bastado colocar a un sevillano en las alturas de la política para que todo sea más fácil y hasta la han coronado como nueva capital de Andalucía Oriental. En Sevilla se fraguó una clase política alejada de la historia de su partido que se movía en los principios del socialismo, que, con sus luces y sombras, tenía algo de sentido en la búsqueda de la justicia. El sevillanismo político se transforma como los camaleones para alumbrar a un partido postmoderno preparado para adaptarse a lo que conviene o a lo que la gente anhela. Así, se ha convertido en un gran self-service que ofrece comodidad y agradar a base de adulación y fomentando una moral personal, esto es, el bien depende de cada uno. Así, señor lector, acoge al mercado explotador, renuncia al marxismo o se apuntan a lo que sea para dar satisfacción al pueblo que, agradecido, los distingue con el poder. Este modelo se ha impuesto y hoy se sabe, por boca de una ‘ministra’ porque conviene en su idea de reeducación, que «un feto de 13 semanas no es un ser humano», cuando ya es capaz de sonreír; o como cuando se dice que con la ley nueva del aborto «se podrá disfrutar del sexo sin problema». Han impuesto el revisionismo más radical, prescindiendo de los principios de nuestra civilización para entrar en el reino de la moral a la carta, al tiempo que se elimina cualquier impedimento que restrinja la autocomplacencia. Así, se ha conquistado el país y todo parece estar en orden y controlado, pero no; hay muchos menosprecios y muchas desilusiones, tanto en lo personal como en lo colectivo. En relación a las ciudades hay agravios comparativos importantes y, con respecto a otras ciudades de Andalucía, Granada se siente agraviada. Sevilla ha sido bendecida a base de relegar a esta ciudad, que un día fue principal, y que hoy da pena verla atormentada por unos partidos que defienden más al sevillanismo político que a su propia ciudad. El enfrenamiento de los dos grandes partidos (culturas en pugna) de Granada y el desconcierto del tercero no la ayuda, sino que la empequeñece en la medida que nos enfrenta e incapacita para conseguir, por la unidad, lo que nos merecemos por historia y por población. Lo que prima es la obediencia al partido, en esta ‘nueva idea de la libertad’. Esta partitocracia es muy útil cuando las castas en el poder señalan con el dedo a un territorio; esto siempre ha ocurrido, pero hoy es escandaloso y nos hemos quedado atrás porque aquí no ha surgido ningún político de relevancia e influencia en los centros de poder. En esta tesitura, y cuando Granada no es lo principal, lo que prima es el enfrentamiento estéril.
Por esto, frente a este modelo, hay que presentar otro que se maneje en la unidad de criterios y se alce sobre los intereses de partidos en busca de los de los civilizatorios y la mejora de sus habitantes. Da pena ver las reyertas de los granadinos de todos contra todos, mientras las cosas salen a retazos, sin unidad y en la permanente bronca, las descalificaciones o las denuncias. ¿Qué se puede esperar de la actual clase política que tiene tres proyectos para el Milenio?: uno en la Vega, terrible; otro, en la parte norte hasta el Fargue; y el que está promoviendo la ciudadanía, en la actual estación de Renfe. ¿Qué se puede esperar cuando para cerrar el anillo, con lo que se ha luchado contra la circunvalación en la Vega, ahora, se presentan once proyectos y la mayoría para seguir ocupando la Vega? La debilidad de Granada ha llegado hasta tal punto que ni compite por tener más Salas de lo Penal y se las discuten Sevilla, como si no tuviera nada, y Málaga. El abandono y el desprecio a esta ciudad es tan constatable que ni siquiera la van a dejar como la capital Judicial de Andalucía; y todo consentido por esta clase política inane y acomodaticia que se mueve entre el complejo y la sumisión. Se necesita un alma noble y grande que luche por Granada, como decía Ganivet. No hay más que ver cómo la Junta se está vengando de esta ciudad levantando toda Granada para la construcción de un metro, que no es un metro, sino un tranvía que no arreglará mucho; bien podían no haber destruido el que había y hacer un metro de verdad. Los granadinos, si queremos mejorar o encontrar un futuro más convivencial y de acuerdo a nuestra historia, debemos alejarnos de esta forma de entender la vida, dominada por una clase política que no es granadina, sino que se ve mediatizada por los intereses de los partidos que hacen dejación de lo que esta ciudad pide o, por lo menos, debería pedir. En estos enfrentamientos y por la falta de líderes, nos vamos quedando atrás y, hasta la idea de la conmemoración del Milenio, que podía relanzar a Granada en una empresa colectiva, se desmorona a diferencia de lo que ocurrió en el 92 con Sevilla y Barcelona. En este modelo, nada granadino, no es mucho lo que podremos hacer y seguiremos acomplejados frente a la provincia estrella y cediendo todos los centros de interés a la Junta. Mientras todo esto pasa, los ‘cultos’ y sus acólitos, no paran de hablar de su ‘cultura’, de sus cosas y, sobre todo, de Federico García Lorca, de Francisco Ayala, Alberti, del bueno de José Saramago o lo que interesa sacar para conseguir ser ponente, el premiado o el premiador o para ir a los centros educativos a impartir ideología; pero que hacen muy poco por corregir esta forma de entender la convivencia y las relaciones entre cercanos, a los que tratan como enemigos. Ortega decía que «la cultura no es otra cosa que el canje mutuo de estas maneras de ver las cosas de ayer, de hoy, del porvenir»¿Estamos en la misma civilización? ¿A dónde se quiere ir?
Manuel E. Orozco Redondo
Ideal-Granada, 20-6-2009

