Granada, nido andalucista en ciudad ajena

4/06/2008 | por Javier | Categoría: Cultura, Opinión

Me comentaba un forero del Altiplano granadino que allí­ por lo general tienen muy clara su no identificación con la Andalucí­a romántica y cañí que nos vende La Junta por todos los sentí­os. Y al mismo tiempo me preguntaba por el ambiente real de la capital, a la que él ve más “andalucizada” de lo que parece. El asunto da para muchos litros de tinta (o centenares de teclados) y he aquí mis reflexiones, que comparto en esta sección por recomendación de mis compañeros de batalla:

Granada capital, por su carácter universitario, acoge gentes de toda Europa, y principalmente de las provincias del invento andaluz, lo cual facilita la interculturalidad y esas cosas. Esto no tiene por qué ser malo, pero el problema viene cuando de este grupo (principalmente) surgen las corrientes andalucistas radicales, y reivindicativas pro andaluzas en general.

Te ponen pintadas en las calles, montan sus webs y chiringuitos pancarteros puertarrealistas, y desarrollan una actividad cotidiana asumiendo que están en Andalucía, que luchan por su tierra, y que cuentan con el respaldo popular. Cuando a veces constatan que tal respaldo no existe, nos tachan de inmovilistas, de que no nos duele nuestra tierra, y de haber olvidado nuestro pasado como “pueblo andaluz oprimido por el centralismo del estado español”.

Cuando oyes estas cosas (u otras por el estilo) se te queda la cara a cuadros, porque por un lado piensas “pues claro que me duele mi tierra”, y hasta llegas a sentir vergüenza de no sentirte “suficientemente andaluz”, de no estar junto a ellos, y de ignorar nuestra (su) historia, costumbres y folclore. Te da reparo admitir que no bailas sevillanas, te da corte confesar que a tí el flamenco ni fu ni fa (la mayoría), y te quedas meditando sobre lo raros y malafollás que somos los granaínos.

Algunos, para quitarse el sambenito, aprenden sevillanas en una academia, oyen discos de flamenco, y hasta se ponen una banderita de Andalucí­a en el coche para quedar bien; y de esta forma se sienten orgullosos de sí­ mismos por ser unos buenos andaluces, por conocer y practicar sus costumbres y por hablar delante de un sevillano con expresiones aprendidas que le son ajenas. Pero la mayorí­a pasa del tema, se guarda para sí­ el regomello de no ser un buen andaluz, y reniega de ciertas cosas que, por más que se las metan en las narices, no le gustan y le son ajenas.

Por desgracia, esto se contagia también a la política, y subliminalmente es una forma de cohibir las reivindicaciones granadinas, jiennenses o almerienses. ¿Cómo tenemos el descaro de pedir más cosas si ni siquiera somos unos buenos andaluces?, conformémonos con lo que nos va viniendo y ya vendrán tiempos mejores.

Este gran engaño está más extendido de lo que parece, y sólo unos pocos mejor informados sienten realmente orgullo de lo que son, de su tierra granaína, y de su particularidad con respecto a la Baja Andalucí­a. Al mismo tiempo, muchos reniegan de las políticas de Chaves y su Junta, por medirlo todo por y para Sevilla y su región, y por dejar siempre a Granada en segundo plano. Algunos alzarán la voz por la descentralización, otros por un mayor protagonismo político de su tierra, y pocos se acordarán de que su región pudo tener su propia autonomí­a, e ignorarán que Blas Infante en realidad era un iluminado que confundió Andalucí­a con Al-Ándalus, y que pretendía islamizar e independizar el sur de España.

Esta reflexión mía en voz alta es aplicable también para un almeriense (menos) y para un jaenero (más). Y digo menos para un almeriense porque es la provincia más concienciada de la necesidad de más autonomía. Y bueno, aquí acaban por hoy mis rarezas granaínas.

José Guerrero López

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