¿Por qué hoy?
1/03/2010 | por Javier | Categoría: Externos, Opinión
En septiembre de 1971 me casé con Anna María, italiana, que por amor renunció a todo, incluidas sus raíces, su nacionalidad: quiso enraizarse en Almería y en Andalucía, por lo que uno de nuestros primeros viajes, en un Mini que conservo, fue recorrer su nueva tierra: Andalucía.
Con la misma pasión que Ana Belén en `Derroche´, no dejamos lugar por recorrer y nos emocionaba sentir que estábamos viviendo nuestra tierra. Anna María y yo, entonces, éramos andaluces.
Cuando, años después, los que interveníamos en política -yo, jamás fui político profesional- creamos legalmente Andalucía -y con capitalidad en Sevilla- dimos a luz una región ortopédica: al meter a Almería de hoz y coz, contra su voluntad, en un chanchullo inconstitucional -las dos veces que se la consultó se negó a entrar en esa Andalucía- se la dejó -a Almería, digo- en tierra de nadie, de frontera, con los inconvenientes y potencialidades que ello supone. Y, yo, fui perdiendo mi sentimiento andaluz.
Jamás ha existido un nacionalismo andaluz. Nadie ha intentado crear la ilusión, el sentimiento, de ser andaluz. Ni el propio Blas Infante, a quién se ha reconocido oficialmente como Padre de la Patria andaluza, mitificando, mixtificado y -también-olvidado, en su no menos mitificado “Ideal Andaluz” decía: “La conciencia política de los andaluces es la gran asignatura pendiente que pasa inexorablemente una factura demasiado alta“.
Andalucía como patria era una idea -no digo ya un ideal- imposible, pues no en balde se basaba en “despertar, si está aletargado, o crear, si no existiera, el sentimiento de un amor propio regional” para “defender a los andaluces del estigma de raza inferior que algunos sobre ellos lanzan…, repartiendo la tierra entre los campesinos -está en el Himno- concluir de una vez, como sea, con los caciques y sus protectores los oligarcas, evitar qeu continúe siendo Andalucía el país del hambre y de la incultura, la tierra más alegre de los hombres más tristes del mundo...” pese a lo cual, “Andalucía es, y será siempre, la esencia de España, la España más española entre las Españas“.
No existe homogeneidad, uniformidad de Andalucía: lo que la caracteriza es, precisamente, su diversidad esencial: “Andalucía es una fusión de contrarios“, sentencia brillantemente Antonio Gala. A mi juicio, Andalucía es, sólo, un tópico, una ficción legal, enorme, compleja y modificable.
En todos estos años Almería no se ha integrado en Andalucía, no ha tenido el protagonismo que su aportación a Andalucía requería. Y es que Almería produce buenísimos pepinos, tomates, berenjenas, mármol, etc., etc., pero no ha dado, en toda su historia, una sola cosecha de políticos. Y éstos, como representantes de los almerienses, eran -y son, cuando los haya- los obligados a hacer valer los derechos de Almería.
Y sin caer en el tópico de que no soy objetivo porque soy sujeto, me pregunto ¿tiene Almería los mismos servicios que Sevilla; está Almería marginada en Andalucía; podemos ejercer los mismos derechos los almerienses que el resto de quienes legalmente son andaluces…?
No es verdad que las comparaciones sean odiosas. Lo odioso es dar luar a que se puedan hacer las comparaciones.
¿Por qué hoy es fiesta en Almería?
Fausto Romero-Miura Giménez
La Voz de Almería, 28-2-2010

