Toma tomate!. ¡A ezoz, ni ahua!

16/01/2010 | por Javier | Categoría: Opinión

Yo recuerdo, de los días de mi infancia, o sea, de hace ya más de cincuenta años, cuando, en una España pobre y aislada, muchas personas morían de hambre, muchos niños no podía asistir a la escuela, porque tenían que ir a trabajar, y muchos padres de familia tenían forzosamente que cargar sus maletas para emigrar, a Cataluña y a Marid al principio y al extranjero, Francia y Alemania, después.

Y fueron muchas, muchísimas, las familias que redimieron sus carencias, bien emigrando temporalmente, bien manteniéndose años enteros en el extranjero.
Otro foco de inmigración interna, otro centro de atracción de las familias más pobres, se localizó en la zona costera de Almería, en la gran comarca hoy nombrada como El Poniente, a donde vinieron a vivir familias de trabajadores de las tres provincias del Sureste de España: de Jaén, y de Granada y de los pueblos más áridos del interior de la provincia de Almería. Se fueron extendiendo, al principio, los cultivos de los enarenados, aparecieron los primeros invernaderos, y las zonas más desérticas, como los inmensos llanos de Dalías, hoy del municipio de El Ejido, gracias al tesón, al esfuerzo, a las privaciones y a los desvelos de tantos pobres emigrados, se fueron transformando en auténticos vergeles que exportaban verduras y hortalizas a toda la Europa más rica. Como Europa precisaba más y más alimentos de calidad, los invernaderos se fueron ampliando, hasta llegar a un momento en que hubieron de detenerse porque les faltaba el agua imprescenidble para los riegos, a pesar de aprovechar hasta el último aura de las entrañas de la tierra. Y Almería, que era una provincia paupérrima, donde apenas se criaban lagartos y culebras, las naranjas finas, exquisitas para zumos, del valle del Andarax, y las uvas de Ohanes, se transformó en un emporio de riqueza, dándose en alguno de sus pueblos la mayor concentración bancaria de España. Quedaban tierras por roturar, quedaban tierras donde se podrían ampliar los invernaderos pero faltaban las aguas y, en un momento determinado, se pensó en prolongar hasta esta zona el trasvase Tajo-Segura. Pero El Tajo y los períodos de sequía no podían asistir a estas demandas rústicas, así que, en un momento determinado, se pensó en el trasvase del Ebro. Pero, ¡amigo!, con las modernas taifas actuales, las aguas de una ribera tenían una administración que nunca se ha sentido española y que nunca ha sido solidaria con nadie que portara el gentilicio español y, ¡hasta ahí podíamos llegar!, hasta ahí podíamos llegar nosotros, pero no las aguas; en la otra ribera, los descerebrados de la política impedían que se aprovecharan unas aguas que, siendo nacionales, prefieren que se pierdan salinizadas en el mar antes que darle servicio, como agua potable y como riego, a otras regiones españolas, limítrofes o no. Y los españoles de Almería hubieron de recurrir a las desalinizadoras porque otras aguas más próximas, en las que nunca habían llegado posiblemente a pensar, tenían otros propietarios que jamás de los jamases renunicarían a su usufructo: me refiero a las aguas de los ríos y arroyos que nacen en Granada y en Jaén, que se van Guadalquivir abajo, a inundar los arrozales sevillanos, porque parece que los labradores sevillanos,¡por algo es Sevilla la capital de la comunidad!, tienen unos derechos sobre las aguas de Granada y Jaén a los que no alcanzan los labradores almerienses. ¿Por qué?. Pues resulta muy sencillo de explicar: porque donde mandan es en Sevilla, Granada está completamente anulada por la Junta y Almería es la Periferia de La Periferia. Y si antes del milagro del invernadero se decía que Almería era “El Culo del Mundo” o “La Tierra de Las “lagañas”", ahora, tras haber dicho en un referendum QUE NO SON ANDALUCES, Almería está castigada a sufrir todos los expolios, burlas y marginaciones que los dioses del Olimpo Sevillano (aunque creo que el único altozano que hay en los alrededores de Sevilla son los montones de basura de sus vertederos, o sea, un Olimpo demasiado fétido y nauseabundo), en su soberbia TEOCRACIA, dicen que las aguas de su río, porque el Guadalquivir es suyo en exclusiva, son para el uso de sus labradores…, ¡Bueno!…, pero, si la cosa se pone a a tiro, podrían abrir la mano…, para que se la llenaran de billetes…;y, a cambio, para que usaran las aguas las personas a quiénes sus labradores, los labradores sevillanos, porque ellos son los dueños de las aguas de Granada y de Jaén, quieran vendérselas. Y si un labrador almeriense quiere regar sus tierras, porque los labradores sevillanos y sus políticos y administradores de aguas son magnánimos, no tiene más que llegarse a cualquier pueblo arrocero de Sevilla, comprar una hectárea o dos, ¡o las que necesite!, de tierras con derecho a agua, dejar esas tierras de secano y pedirle a la agencia sevillana del agua que le permita desviar tales aguas para Almería. Y, cuando llegue el día de Andalucía, que los almerienses hagan de palmeros de los políticos sevillanos, y que les canten “pedid tierra (con agua) por necesidad”… porque los señoritos, por lo menos, siempre les dan a sus palmeros los “culitos” de sus botellas de vino fino, para que las apuren. ¿Y a los demás?. ¿Y a los almerienses que no votan que sí en los referendums? ¡A EZOZ, NI AHUA!. ¡A bebé agua mineral y a lavaze con gazeoza!.¡Y, pa regá er tomate, te mea en la mata! ¡Ale!. ¡No tenéis derecho a má!.

Leonardo V. Villena
La Gaceta de Almería, 16-1-2010

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