La Alcazaba de Almería
20/01/2010 | por Javier | Categoría: HistoriaLas guerras civiles que hubo en El Reino de Granada, entre abencerrajes y zegríes, o, lo que es lo mismo, entre los partidarios de Boabdil y los de El Zagall, fueron tremendas, hasta el extremo de que llegó a correr por las calles del Albayzín la sangre de unos y de otros.
Pensamiento de hoy: “Quién no defiende a su tierra ni lucha por su libertad es porque no se las merece”
Los Abencerrajes, de Banu Sarray, o Los Hijos del Sillero, habían sufrido durísimas represalias del padre de Boabdil, Abul Hasán, o Muley Hacén, represalias que se acentuaron cuando este rey repudió a Aixa La Horra (“La Reina Honesta” aunque también lo traducen como “La Mujer Libre”) y la sustituyó por la cristiana conversa, doña Isabel de Solís, la mora Zoraya (El Lucero de La Mañana), con la que tuvo dos hijos que, convertidos al cristianismo, dieron origen a la familia Granada. Los Zegríes, “Los Guardianes de La Frontera”, eran sus fieros rivales, que no dudaron en derramar generosamente su sangre para mantener en Granada la legitimidad dinástica y a su rey, Abul Hasán.
Temiendo este rey que su esposa, la taimada e indomable Ayxa, aunque su nombre era Fátima, le hiciera alguna mala faena,la encerró, junto a su hijo primogénito, Boabdil, en el desván de la Torre de Comares. Sin embargo, hay historiadores de solvencia que creen que no fue en el desván donde los tuvo encerrados, sino en el sótano, porque resulta imposible que Boabdil pudiera escapar, de una altura de cincuenta metros, aproximadamente, con unas sábanas anudadas a otras. Lo cierto es que Boabdil huyó y se refugió en Guadix, de donde volvió pronto, reclamado por su madre, reavivando el fuego de las guerras civiles del Albayzín. En estas batallas callejeras, Boabdil llegó a enfrentarse personalmente con su tío El Zagall y estuvo a punto de derrotarlo, pues era el mejor esgrimidor del Reino de Granada, hasta el extremo de que el sobrino había derrotado, en sus entrenamientos pero en dura justa, a su tío y a todos los capitanes de su guardia: Tarfe, Muza Ben Abul Gazul (hay algún escritor famoso que lo confunde con Musa Ben Nusayr) El Manfotec… Boabdil, que no era un misántropo ni un afeminado, sino un hombre muy equilibrado y de enorme inteligencia que entendía al instante todas las situaciones posibles, por duras que fueran, estuvo a punto de degollar a su tío El Zagall, en buena lid y cara a cara, pero los zegríes, temerosos de las consecuencias, mediaron en la contienda impidiendo la derrota o la victoria de cualquiera de los dos… Al final, los ulemas granadinos, conmovidos por la inútil sangría que desgarraba a la ciudad y al Reino, dispusieron que El Zagall se quedara como rey efectivo de Granada mientras que Boabdil reinaría en Almería, desde el sur del Valle de Lecrín (El barranco de Tablate) hacia Levante. Y Boabdil, que conservó el título de Emir Al Muminín, con su madre, su esposa y su hijo Ahmed, el primogénito, casi recién nacido, por la senda que unía Almería con Granada, a través de la Sierra Solera( el calificativo de Nevada es cristiano), por el Puerto de La Ragua y por la senda del río Andarax, hubo de domiciliarse en La Alcazaba de Almería. Pero El Zagall (El Halcón) no era una persona fácil de colmar y, aprovechando que su cuñado Cidi Yahya Al- Nayar había sido gobernador de Almería y que poseían muchos contactos en la ciudad y en La Alcazaba, intentó sorprenderlo en la noche. La guardia le abrió las puertas con toda cautela pero velaba alguno de los servidores de su sobrino, que le avisaron del peligro. Boabdil saltó de la cama y, por una ventana, se dio a un establo, donde le tenían el caballo ensillado y, solitario y desamparado, se dio a la huida. El Zagall, que renunció a perseguirlo porque el caballo de su sobrino era el mejor y, además, la persecucion nocturna representaba un peligro para sus seguidores, apresó a toda la familia de Boabdil: su cuñada, Aixa la Horra, que lo desafió racial, a su sobrino Abul Rachib, de dieciocho años, que jamás había intervenido en conflictos políticos, y a Morayma, o “Mariquilla La Lojeña”, que portaba en los brazos a su hijo pequeño, recién nacido, el primogénito de Boabdil, que recibía el nombre de Ahmed. Y en un arrebato de ira, cuando más fuertes eran las diatribas con su cuñada Aixa, sin pensárselo dos veces, El Zagall desenvainó su alfanje, de acero bagdadí, y le cercenó de un tajo la cabeza a su sobrino Abul Rachib. El cuerpo decapitado cayó al suelo, braceando y echando borbotones de sangre, Morayma se desmayó… y Aixa, mujer racial y madre dolorida, sufrió su impotencia viendo como la vesania de su cuñado le robaba de forma tan vil la vida a su hijo inocente. Hay algún historiador que dice que El Zagall ordenó a los zegríes que decapitaran también, en la plaza de armas de la alcazaba, a los sesenta caballeros abencerrajes de la guardia personal de Boabdil. Aunque tales degollinas estaban a la orden del día entre los líderes moros granadinos, yo dudo que ésta fuera verdad porque; ¿como no se defendieron los abencerrajes de sus enemigos, los zegríes?. ¿Como, sabiendo El Zagall que el Ulema Algime Mazer, de la familia de Los Mazas, era uno de sus máximos valedores en Granada, ignoró su prohibición de derramar inutilmente más sangre musulmana?.
Lo cierto es que, solitario y sin ayuda de nadie, Boabdil escapó de Almería y, comiendo y bebiendo y descansando con los pastores y con los campesinos que halló en el trayecto, cruzó todo El Reino de Granada, se plantó ante la ciudad de Córdoba y pidió que lo llevaran a la casa de su mayor enemigo cordobés: el señor de la Casa de Aguilar de La Frontera, que lo hospedó como a quién era, todo un rey, hasta que recibieron instrucciones personales del rey don Fernando. Mienten, por tanto, quiénes aseguran que Los Señores de Aguilar y el Alcaide de Los Donceles, de la familia del Gran Capitán, aprisionaron a Boabdil y lo cargaron de cadenas. Eso no ocurrió ni en la batalla de Lucena, donde Boabdil cayó prisionero cuando se le rindió al caballero Martín Hurtado, que se lo presentó al conde de Cabra (de la familia de los Fernández de Córdoba) y ambos lo trataron como a un señor de alto linaje, aunque ignoraron su verdadera identidad durante unos días. Tampoco lo encadenaron en la huida de Almería ni en ninguna de las otras ocasiones en que los alcaides cristianos, desde don Pedro Ramírez, alcaide de Lorca, o el de Los Vélez (Rubio, creo) hubieron de prestarle socorro a Boabdil.
Algunos historiadores recalcan que las esposas de todos los caballeros cristianos que lucharon en la batalla de Lucena quisieron conocer personalmente al rey Boabdil porque, según dicen los cronistas, el rey moro atesoraba una belleza viril deslumbradora. El Duque de San Pedro de Galatino, en su Tesis Doctoral sobre Boabdil, lo describe así: “Boabdil era rubio, de mediana estatura,más bien alto y esbelto, de ojos claros de luz, tez pálida y semblante tranquilo.Su porte era majestuoso, y en los momentos más difíciles,demostró siempre su valeroso corazón y su arrogancia de raza. Fue bravo en las batallas, y aunque herido su cuerpo, como en la batalla de Loja, siempre conservó su dignidad de rey, su dignidad de raza y su dignidad de hombre de corazón, a pesar de tantas y tantas amarguras como tuvo que sufrir constantemente su espíritu y su voluntad…”.
Por favor, les ruego a los lectores del presente artículo que se quiten de la cabeza la figura deforme, de hombre timorato y amariconado, que de Boabdil nos hicieron los prebostes posteriores a la reconquista, porque Boabdil fue un hombre valiente, un hombre equilibrado y un hombre muy inteligente, que comprendió pronto que su reino era inviable sin las tierras y sin los súbditos que El Zagall le entregó al Rey don Fernando. Y la historia del llanto y de las lágrimas, en el lugar conocido como El Suspiro del Moro, es mentira, como mentira son las palabras que supuestamente le dijo su madre. Esta fue una invención de don Antonio de Guevara, Obispo de Guadix y de Mondoñedo, para lucirse ante el emperador Carlos V y su esposa, doña Isabel de Portugal, en su visita a Granada, en su viaje de bodas, durante el verano de 1,526. El obispo Guevara, del que no me interesa nada de cuanto escribió, porque carece de crédito para mí, posiblemente, ni siquiera llegó a conocer la Granada Mora.
Leonardo V. Villena
La Gaceta de Almería, 19-1-2010


Factores de la estructura socioeconómica de Andalucía Oriental - José Cazorla Pérez, Manuel Delgado Cabeza. Ed. Universidad de Granada (1993).
Nuevas siluetas granadinas - Mª Dolores Fdez. Fígares, César Girón López. Editorial Comares.