Guerra de la Alpujarra
12/01/2010 | por Javier | Categoría: HistoriaEl día uno de enero del año 1,568, el marqués de Mondéjar, Capitán General y Virrey del Reino de Granada, ante las noticias tan preocupantes que le llegaban de la situación social que reinaba en La Alpujarra (en singular, pues jamás hubo más que una Alpujarra, que abarcó, según los cronistas de esta guerra, desde Vera Y Carboneras hasta La Axarquía), hubo de delegar el gobierno del Reino de Granada en su hijo y delfín, el Conde de Tendilla, y ponerse en marcha,con sus tropas, hacia el lugar del conflicto… Este fue la primera acción bélica que los cristianos pusieron en marcha contra los moriscos, pero, antes…
En el verano de 1,526, durante su visita al Granada, en su viaje de luna de miel, tras su boda con doña Isabel de Portugal, el emperador Carlos V recibió de los moriscos granadinos la cantidad de 80,000 ducados de oro, para los gastos de la corona, mas otros diez mil ducados que los moriscos, encabezados por un joven abogado, también morisco, llamado don Francisco Núñez Muley, hubieron de distribuir entre los clérigos y caballeros de su corte; este dinero, que pagaron a prorrata todos los moriscos, aunque les supuso una onerosísima carga, tenía como finalidad comprarle al César Carlos la licencia para seguir manteniendo su sistema de vida: religión, lengua, hábitos, costumbres…, sin que la Santa Inquisición pudiera intervenir en su contra. Y los moriscos pudieron vivir en todo el Reino de Granada una época de relativa paz, porque los clérigos, párrocos, capellanes, beneficiados y demás cargos eclesiásticos jamás los dejaron tranquilos. Llegaron a darse muchos casos en los que los mejores artistas y artesanos moriscos, saturados por el acoso de los repobladores cristianos y de los religiosos, hubieron de pedir el amparo de los nobles asentados en el terreno, porque sus feudos eran inviolables para los curiales. Y se dio el caso de que algunos de ellos, don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, o don Juan Enríquez, Señor de La Sagra, por no poner demasiados ejemplos, llegaron a multiplicar por mucho su patrimonio comercializando los productos manufacturados que les creaban los moriscos y los gitanos acogidos a su amparo. Eran los mejores herreros, carreros, tejedores de fino y de basto,carpinteros, agricultores, ganaderos… que existían sobre la faz de la tierra… A cambio de enriquecer a estos señores (Se decía entonces que “quien tiene moro, tiene oro”), los señores les dejaban que hablaran en su lengua, ya tan mixtificada que recibía el nombre de “algarabía”, aunque ya ninguno supiera escribir en lengua árabe, que practicaran su religión y sus ritos religiosos y que se divirtieran con sus zambras y sus leylas, cantes y bailes que, según el abogado Núñez Muley, ya practicaban los señores romanos en sus bacanales y que originaron los actuales bailes y cantes flamencos. Pero los moriscos, que, según las crónicas cristianas de aquellos días, eran frugales en todo menos en la cama, despertaban la envidia de los cristianos viejos, clérigos y seglares, porque, a fuerza de economizar hasta el extremo, siempre vivían con mayor desahogo que los cristianos. Y la envidia, que es quizá el peor de los vicios humanos, corroía las entrañas de las personas necesitadas que tenían grandes cargas familiares y que carecían de mentalidad laboriosa. No olviden que, si la envidia doliera, faltarían calmantes. Y los clérigos, que, a pesar de la contrarreforma, casi todos poseían cargas familiares, ambicionaban apropiarse de sus bienes para cubrir sus necesidades. Por ello, reunido en la Capilla Real de Granada, el Consejo Real de Castilla, bajo la batuta del cardenal don Diego Espinosa, confesor del rey Felipe II, de don Pedro de Deza, natural de Toro, y presidente de la Real Chancillería de Granada, dictaron las “Normas Restrictivas para Los Moriscos” o “Normas de La Capilla Real”, por las que todos los moriscos del Reino de Granada habrían de renunciar a su lengua y a sus costumbres,a la educación de sus hijos, a vestir de seda y a la usanza morisca… Hasta el extremo que todos los cristianos honestos de aquellos días, como el mismo Marqués de Mondéjar, el de Villena o el Señor de La Sagra se alarmaron. Y le enviaron varias embajadas al rey Felipe II, que ya construía el monasterio del Escorial. La situación llegó a extremos de tal violencia que, por ejemplo, don Juan Enríquez, primo del rey y caballero cubierto ante él, por su parentesco materno con el mismo rey Católico, cuyo segundo apellido era Enríquez, hubo de viajar a Madrid a toda prisa, con otros caballeros granadinos, y a escondidas, para evitar que don Pedro de Deza le neutralizara la embajada. Pero el caso extremo, donde se desbordó la violencia interna, entre gobernantes, fue cuando el marqués de Mondéjar, en el Palacio de La Madrasa, que era la sede de la presidencia de la Real Chancillería, desenvainó su puñal para degollar, él mismo y a pesar de su ancianidad, al mismo don Pedro de Deza. Su hijo primogénito, el conde de Tendilla, neutralizó a su padre con poco esfuerzo e intentó aplacar los ánimos. Ambos dos, uno y otro, enviaron sus denuncias a Madrid, don Pedro de Deza al Cardenal Espinosa y el Marqués de Mondéjar al rey,y hubieron de prepararse para una guerra crudelísima, donde cristianos y moriscos murieron a miles.
Leonardo V. Villena
La Gaceta de Almería, 11-1-2010

Ante las recientes informaciones en las que el PSOE está apostando abiertamente por un corredor ferroviario entre Linares-Baeza y Moreda a través del actual trazado, la Plataforma por Andalucía Oriental desea mostrar su oposición a tal medida, ya que aisla a buena parte de Jaén del resto de Andalucía Oriental. Exponemos una vez más la propuesta, compartida con otras organizaciones, de construcción de un ferrocarril de altas prestaciones entre la ciudad de Jaén e Iznalloz.(...)
