Boabdil
13/01/2010 | por Javier | Categoría: HistoriaEra una fría madrugada de finales de febrero del año 1,492. El rey Boabdil y su esposa, la última sultana granadina, Morayma beni Al Attar,(beni Al Attar= la hija del Droguero) también conocida como “Mariquilla La Lojeña”, se hospedaban en el alcázar de Dar- Al- Horra, o Casa de La Novia, propiedad de su madre, tras haber abandonado La Alhambra. Con ellos habitaba la dueña, Aixa La Horra, mujer dura, combativa e irreductible. Los tres añoraban la pérdida de todo un reino y lloraban la ausencia de los dos hijos del matrimonio real: Ahmed, el primogénito de Boabdil, que Aixa hubo de entregarle al Cristiano a cambio de la libertad del padre, tras ser cautivado en la batalla de Lucena, y la de Yusuf, el príncipe menor, que Boabdil hubo de entregar, también, como prenda que garantizara que el proceso rendición, ocupación y sumisión del Reino y de la ciudad de Granada a los nuevos reyes se haría en total calma. Y los dos príncipes nazaritas se hallaban prisioneros en el castillo de Moclín, donde el hijo mayor estaba siendo adoctrinado a toda prisa en los principios del cristianismo, porque la reina Isabel proyectaba cristianizarlo pronto, en cuanto hubiera aprendido las nociones básicas de su religión.
Aunque el rey Católico era requerido casi a diario por sus deberes reales en sus feudos, por el Reino de Aragón y por los condados de Cataluña, que jamás fue un reino a lo largo de la Historia, vivía temeroso de que los moros sometidos, al ver cristianizar sus mezquitas, pudieran sublevarse y no se atrevía a irse. Algunos ejemplos, los más llamativos, los hallamos, por ejemplo, en la actual iglesia de El Salvador, en El Albayzín, que fue la mezquita mayor del barrio y testigo mudo de las durísimas refriegas que generaron las guerras civiles entre Bobadil y El Zagall, en unos días, y entre Aixa (Fátima) y su esposo, Muley Hacén, en otros. Sus paredes soportaron montones de cadáveres de musulmanes granadinos, en sus guerras civiles, y sus cimientos se humedecieron e impregnaron con la sangre de sus más valientes guerreros y de sus héroes. La iglesia, hoy conocida como San Juan de Los Reyes, era, anteriormente, La mezquita de “Los Conversos” y del palacio de La Madraza, su nombre lo dice todo, porque las madrazas todavía son las universidades coránicas en todos los paises de Islam. Hay otros caso más, que no voy a detallar, por no ser demasiado prolijo.
A finales de un frío mes de febrero, el invierno había apretado con toda su crudeza en una tierra tan montañosa como la granadina. Uno de los emisarios del rey Católico, normalmente don Hernando de Zafra, el Gran Capitán o el Comendador don Diego de Vera, le anunciaron a Boabdil que habría de organizar su salida de Granada con todo el sigilo posible, en la noche cerrada, apenas despuntara Barcaile, el primer lucero de la noche, procurando eludir la Puerta Real y la de Bib Taubib, o Puerta de Los Pescaderos, donde la gente podría amotinarse.
Una versión dice que Las Sultanas salieron unos días antes, para esperarlo en el castillo de Mondújar; otra, que salieron juntos, rodeando la Alhambra por la que hoy conocemos como Cuesta de Los Chinos y haciendo el camino inverso al que llevara el cardenal Mendoza el día 2 de Enero. Lo cierto es que el alba les sorprendió antes de llegar a la umbría de El Manar y que, con el sol salido, habían escalado las alturas donde se acaba La Vega y empieza El Valle de Lecrín, en El Padul. Fue el lugar en el que Boabdil apeteció mirar por última vez la ciudad de Granada. Entre un sIlencio sepulcral, donde solamente se oían el tililar de las espuelas, los mordiscos en los bocados de los palafrenes y los pitidos de los zorzales, Boabdil examinó Granada y, en el más absoluto de los silencios, que nadie osó romper, giró su caballo y, por unas cuestas muy pendientes, se dio al Valle de Lecrín, donde algunos geográfos e historiadores de la época fijan el borde de La Alpujarra. No existieron ni el llanto ni los reproches de la madre ni el que el gran mentidor de esta Historia, el obispo Antonio de Guevara, nombró como ” El Fez de Alabaquitar”, por una supuesta exclamación de Boabdil.
Boabdil llevaba el destino de los alcázares califales de Cobda, donde el Rey Católico y su incomparable consejero, don Hernando de Zafra, ya marqués de Castril de La Peña, supusieron que hallarían un acomodo más confortable. Pero, en el mismo camino, Aixa supo que tales alcázares habían alojado a su cuñado El Zagall y le envió al rey Católico a uno de sus alcaides oponiéndose rotundamente a ocupar la misma mansión que ocupara el asesino de DOS de sus hijos, uno directamente y en su presencia y el otro, a través de una fatwa que contra ella y su familia, a requerimiento de El Zagall, había predicado el Mofti de la ciudad. Aunque sabía que su estancia sería mucho más incómoda, el Rey Católico, con el absoluto respeto que siempre les tuvo a sus vencidos, accedió cortésmente a la demanda. Y Boabdil y su familia, que se establecieron en el castillo de Laujar, no asomaron jamás por COBDA, ¡ni de visita!. Así que están en el error quiénes defienden que Boabdil y su familia vivieron en Cobda, porque es totalmente mentira. Es más, de la amplísima documentación que hay al respecto, NO EXISTE NI UN DOCUMENTO DE BOABDIL FECHADO EN COBDA, SINO QUE TODOS LO ESTÁN EN LAUJAR.
Sobre este castillo hay actualmente construido un chalet, con su piscina correspondiente. En la primera visita que le hice a esta villa, hace ya más de veinte años, un anciano del lugar nos señaló la casa de los Aben Humeya,* donde, según la tradición, fue asesinado EL ÚNICO REY ALPUJARREÑO. Años después, en otra de mis visitas,(suelo recorrer La Alpujarra dos o tres veces al año) con el ya difunto P. Ferrer por compañero, supimos que tal casa había sido demolida “POR LA MODERNIDAD”(No ofrezco más datos al respecto porque ya me he granjeado bastantes enemistades, por ello). Y VIMOS UNA EXCAVADORA QUE SE COMÍA LOS MUROS DEL CASTILLO PARA HABILITARLE UN SOLAR A CUALQUIER VECINO, POSIBLEMENTE BIEN AVENIDO CON EL AYUNTAMIENTO DE AQUELLOS DÍAS. Al vernos la cámara, maquinistas y camioneros abandonaron el expolio y salieron corriendo.
* Así fue como nos lo contó un buen anciano, a los operadres de cámara y a mí, en la primera visita que le hice a esta villa, para filmar un documental sobre la vida de Boabdil, tras el abandono de Granada, que se titulaba “Tras las huellas de Boabdil”, pero nunca se llegó a completar la filmación del documental porque nos faltó la financiación oficial. LA CENSURA POLÍTICA SIEMPRE HA ACTUADO, CONTRA MÍ, CON ENERGÍA PORQUE SIEMPRE HE DENUNCIADO LOS LATROCINIOS A LOS QUE LA JUNTA DE SEVILLA SOMETE AL ANTIGUO REINO DE GRANADA: JAÉN,GRANADA Y ALMERÍA.
Leonardo V. Villena
La Gaceta de Almería, 14-1-2010

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